Monday, June 27, 2011

La salud y el lucro se fueron al campo un día


Premio en UCI, Irvine / Declamador Abelardo Cano / La Reina de los Hippies / Uno como nosotros

Por Benjamín Torres Gotay
La reforma de salud no funciona porque el lucro es parte de la ecuación. Todo el que tiene conciencia en este país sabe que este sistema es insostenible por costoso e inhumano.

Desde el mismo momento en que en febrero de 1994 el entonces gobernador, Pedro Rosselló, en una pomposa ceremonia en una cancha bajo techo en Fajardo, entregó la primera tarjeta, la llamada reforma de salud comenzaba a derrumbarse.

No podía ser de otra manera.

Lo que Rosselló hizo en aquel momento fue algo que probablemente ningún gobierno sensato ha hecho jamás en la historia de la humanidad: comprarle un seguro médico privado a cada indigente, en nuestro caso, a más de una tercera parte de la población.

El fin que se perseguía nadie puede negar que es legítimo: intentar garantizarle acceso igual a la salud a toda la población, sea cual fuere su situación económica. Pero la manera en que se eligió hacerlo todos sabían, aunque pocos osaron advertirlo, que estaba desvinculada de nuestra realidad.

Los seguros médicos son tremendamente costosos, como sabe todo asalariado con plan de salud privado al que se le saca una buena tajada de su cheque cada quincena para costearlo. Nuestro gobierno ni estuvo entonces, ni mucho menos ahora, en condiciones de soportar esa carga.

En el 1994, se confiaron nuestras bienaventuranzas a la reforma de salud que impulsaba el entonces presidente estadounidense Bill Clinton, la cual no llegó ni a primera base. Ahora, el gobierno de Luis Fortuño se las confió a la que impulsó Barack Obama y aunque ésta sí tuvo éxito nuestras cuitas siguen siendo las mismas de siempre: pacientes quejándose de falta de servicios, médicos de que el dinero no da y aseguradoras privadas con la suerte de ambos enredadas en los dedos.

El que tenga ojos para ver puede, si se atreve, ver las cosas como son: el problema fundamental, la raíz de todo este enredo, tanto en el 1994 como ahora, es que este sistema incluye el lucro como parte de la ecuación de la salud.

En Puerto Rico, y en algunos otros países, empezando por Estados Unidos, se ha dejado que la salud, como la venta de piraguas o los cortes de cabello, esté sujeta a las leyes del mercado. Parecería lógico que la salud, el más fundamental de los derechos humanos después de la vida, debería correr otra suerte.

La salud y el lucro, como ha quedado demostrado hasta la saciedad en la historia de la humanidad, son del todo incompatibles. Curarse cuesta demasiado dinero, especialmente si uno no se ha cuidado bien, como es el caso entre nosotros. Nadie, salvo los gobiernos cuando de verdad toman en serio su rol de proteger a quien los elige, está dispuesto a tirarse ese tostón encima por motivaciones altruistas.

Por eso es que escuchamos tan a menudo de alguien a quien se le negó un servicio. Porque ese servicio cuesta y para que el sistema que tenemos funcione alguien tiene que ganar dinero. Así de simple y de brutal es la cosa.

Por algún tiempo, la idea de sistemas de salud públicos se ha confundido con socialismo. Pero hay países que han superado ese atavismo y no les va nada mal. Entre éstos podemos mencionar nada y nada menos que a Inglaterra, la cuna de Adam Smith, el padre del capitalismo, y de Margaret Thatcher, la niña símbolo del llamado neoliberalismo.

Allí, con todo lo capitalistas que son, entendieron que la salud no es lo mismo que un corte de cabello y los hospitales son públicos y los médicos empleados del gobierno. Hay otros ejemplos de países muy saludables que tienen sistemas similares, ninguno de los cuales es Cuba ni China: Canadá, Alemania, Francia, algunos otros así.

Más o menos eso, con sus virtudes y sus defectos, que eran muchos estos últimos, teníamos nosotros hasta que Pedro Rosselló lo desmanteló para repartir tarjetitas y meterle al tesoro público esa sonda que lo ha desangrado inmisericordemente ya por 17 años.

La gente, por supuesto, quedó muy contenta con la tarjetita, porque tenía algo tangible en la mano aunque su vida no hubiera cambiado mucho, al igual que muchos se pusieron felices con las parcelas que les dio Muñoz Marín, aunque siguieran viviendo en la miseria. Por eso ninguno de los gobiernos que hemos tenido desde entonces se ha atrevido a traquetear con la tarjetita.

Pero todo el que tiene conciencia en este país sabe que este sistema es insostenible por costoso e inhumano, tarde o temprano va a colapsar y va a hacer a todo el país colapsar con él y, de una u otra manera, hay que empezar a pensar de qué otra forma podemos garantizarle a todos ese derecho tan fundamental que es salud que se necesita para vivir e intentar ser feliz.

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Sunday, June 26, 2011

¿Cuál es el papel del educador en un mundo de violencia y de conflictos?


SEQUOYAH / 78 / 79 / LIBROS / / Premio en UCI, Irvine / Proyecto de Pueblo para Puerto Rico / Kool Tour Activa / Codice /

Por José Rouillon Delgado

El educador no es un "trasmisor" o vendedor de ideologías o de conocimientos o de exámenes o de tareas conociendo muy bien que las ideas, las ideologías o las formas pensar y de ver el mundo no se imponen. Y, los maestros -también se equivocaron- consideraron que la escuela era el lugar para domesticar! Tenerr la propiedad de su clase, de sus estudiantes, de sus a-lumnos, y sus pizarras para hacer los dictados y mandar hacer las tareas.

Nadie tiene la propiedad de la educación, y no se la puede encerrar en cuatro paredes, meter o embotellar en un recipiente!.

Paulo Freire
estuvo contra la educación dominadora, domesticadora, cosificadora o bancaria, proponiendo una educación liberadora, reflexiva, crítica y propositiva para cambiar y transformar el mundo. La mente no cambia la realidad, nos decía. Es la acción.

Nadie se libera solo. Nadie se libera agrediendo a los demás, ninguneando, despreciando, desmereciendo a los demás. Creyéndose la perfecta persona o el perfecto político o el perfecto partido o movimiento político, ni el perfecto profesor o maestro como si estuvieran posesionarlos de la verdad y capaces de juzgar hasta las conciencias de los demás.

Nadie en educación liberadora prejuzga.
Nadie es perfecto. Somos todos inacabados pero con capacidades de ser mejores. Hay una fuerte tendencia al egoísmo, a destruir al otro, de competir para excluir consecuencia de la ideología del sistema capitalista neoliberal dominante. Nuestra práctica consiste en una negación del canibalismo, del primitivismo de estar siempre compitiendo y atacando a los demás. Eso es una enfermedad de soberbia que se respira en ciertos ambientes y que es nefasto. Piensan que siempre los errores están en los demás.

La educación liberadora sale de la conciencia ingenua, infantil y pasa a la conciencia adulta, objetiva, respetuosa de las opiniones y de otras posiciones construyendo espacios de diálogo y de acción sin exclusiones, desarrollando los valores de la autenticidad, de la transparencia, de la verdad, del esfuerzo, de la solidaridad. Y, también, desenmascarando los mitos y las mentiras de la dominación de clases superiores, de género y de raza, y de culturas.

Enseñar-actuar sobre saberes muy concretos y simples:
No robar, no se mentir, no ser ocioso. Ser justo. Y, también, por supuesto, hay momentos de denuncia de la ideología capitalista dominante que nos hace o nos convierte en enemigos los unos contra los otros.

El educador no piensa mal, sin dejar de ser prudente y observador de la realidad. Es constructor de unidad y no promotor de divisiones y de enfrentamientos inútiles e interesados. Busca lo positivo que una, que acerque, y no siempre lo negativo que separa y enfrenta, pero superando la falsedad y nunca siendo cómplice de ella.

Distingue claramente entre los diferentes y los antagónicos, entre los aliados y los enemigos, que sociológicamente si los hay. El educador es realista. No es idealista. Busca sumar y no fraccionar o dividir, en lo posible. No le hace o no cae en el juego de la derecha, y el educador popular tiene que ser muy transparente para saber en qué dirección está, y hacia adónde debe ir.

El educador no se cree ni se piensa como el posesionarlo único de la verdad única. Todos son y somos necesarios, salvo sectarismos y dogmatismos que cierran los caminos para la unidad.

El educador es una persona de acción unitaria. El educador sabe que hay momentos de hacer preguntas, de dar respuestas, como guardar silencio. Todo tiene su hora, pero entre todos es que construimos. Sumando y no dividiendo.

El educador anima las buenas conductas, espera, toma y reconoce lo mejor de los demás. Cree firmemente que las personas no están determinadas, o predeterminadas por un antes, por un pasado, atadas de su pasado, o determinadas por un presente, el que sea-, sino que están en un proceso permanente de conversión, de maduración, de perfeccionamiento. La educación es una permanente invitación a que seamos mejores.

Nadie es perfecto, y nadie puede ser magnificado o idolatrado. Eso no significa negar que los liderazgos existan y se evidencian en la realidad y no en una conferencia de prensa o en una entrevista o en un premio recibido. Pero no bastan los líderes de papel o de discursos para cambiar la realidad, aunque todos somos necesarios.

El educador popular reconoce -le guste o no- que los pueblos no siguen ideas sino a personas. Y que hay un proceso educativo que realizar para unir personas con ideas y con hechos y con trabajo solidario. Y ahí está la responsabilidad que deben tener los liderazgos, y el propio educador para cultivar los carismas, los talentos y virtudes necesarios para "trasmitir", comunicar, plantear las propuestas para que sean entendidas, reflexionadas, compartidas y mejoradas.

Somos educadores de personas y de generaciones, que cada día son mejores, más exigentes, y también somos educadores de 'masas', de gente común que deben llegar a convertirse en proyectos transformadores, de hacer nacer una historia y culturas nuevas.

El educador –siempre trabajo con otros- acepta el desafío para que nadie quede anclado en un pasado, sino, construyendo unidad, nos comprometamos a trabajar por un mundo mejor, sin exclusiones innecesarias, colaborando también en ayudar a cambiar el alma o sentimientos orgullosos, vanidosos, de los que se creen superiores o puros, que se creen los más más, y que ciegamente excluyen a otros y contradictoriamente, también se autoexcluyen, situándose por encima de los demás.

En el caso de la niñez, hacerles tomar confianza y seguridad, generar prácticas solidarias en sus relaciones grupales de aula y fuera de ellas, para que su futuro próximo sea mucho mejor a su pasado. Motivar, inducir, gestar energías, virtudes, desarrollo de sus talentos, pensando y creyendo que todos los niños los pueden desarrollar en tanto se les de apoyo, oportunidades, confianza y seguridad..

La ternura, el cariño, la disciplina, el respeto, la motivación, el esfuerzo, la alegría, son buenos caminos de una verdadera praxis de una opción educativa liberadora.


El educador debe descubrir sus propias limitaciones, sus vacíos de formación y los vacíos de valores, para no tener conductas no democráticas buscando imponer o "trasmitir" sus ideas como las únicas y las verdaderas. El diálogo que permite saber comunicarnos y aprender unos de y con otros, es un rol insustituible permanente en la tarea docente.

El educador debe siempre estar en actitud de 'esponja', de aprendeer, de acoger, de percibir, de aspirar, de recibir de otros, de alimentarse de y con otros, de interiorizar y de procesar reflexivamente todo lo que a él ha llegado para transformarse también él. Obligarse internamente a saber escuchar a otros. Somos como las monedas, cara y sello, cuerpo y alma, mente y cuerpo, materia y espíritu. Rabia y dulzura, amor y lucha, sueños y realidades. Somos una historia de aprendizajes e interaprendizajes permanentes a lo largo de toda la vida. Aspiramos a tener una formación multidimensional.

No podemos y no debemos observar solo una instante, una coyuntura, fijarnos en un momento, en una etapa o época que se negativa para descalificar a los demás, pensando que el otro, que las personas, los niños o adultos todos son un proceso continuo en la que sombras y luxces se confrontan, y no un acto aislado, para que sean descalificados o excluidos, porque la vida continúa, y todos tenemos derecho de gozar de una y mil nuevas oportunidades. Niños, jóvenes y adultos.

Los maestros, los educadores, los profesores nos vamos haciendo, siempre con otros, y el educador ayuda, colabora con sus estudiantes con su propio testimonio coherente de constante lectura del mundo, lectura de textos, a través de una capacitación y formación.

El profesor es el primero que debe exigirse una transformación en vida, hoy y mañana y después constante en formación, en valores, en mejores conductas o comportamientos, personales y sociales. Ya sabemos que nadie da lo que no tiene dentro de si mismo.

El educador no solo es el maestro. Toda la ciudad y comunidad debería
llegar a ser educadora. En la comunidad, en el mundo, todos aprendemos unos de y con otros. Siempre.

También todos, en su propio espacio, deberán de convertirse en ciudadanos que contribuyan al bien y al desarrollo de los demás.

También lo es el político, el periodista o comunicador, el trabajador y dirigente gremial y estudiantil, el propio padre y madre también lo son, como los son los líderes del barrio, o un joven frente a otro joven, o el hermano mayor frente al hermano menor.

Todos somos educadores en nuestros propios espacios, funciones y responsabilidades. Todos somos miembros y participantes de una ciudad educadora. El educador es un ser que siempre aprende y revisa su propio pasado para hacerlo un mejor presente y futuro. La educación ya debe salir y romper las cuatro paredes de la escuela. La educación no es ni se reduce a impartir pedagógicamente conocimientos sino crear relaciones de convivencia pacífica de bienestar material y espiritual para todos.

Reiteramos una vez más que: «Nadie enseña o aprende solo, nadie trabaja solo, nadie se libera solo. Nadie sueña solo. Nadie llora solo. Nadie trabaja solo. Somos más que individuos. Somos personas sociales. Hay un mundo que trabaja, un mundo que sueña, un mundo que llora, un mundo que tiene esperanza de paz y justicia. Y, todo esto no se puede hacer solo».

Construyamos toda una ideología democrática de la educación que no sea elitista o autoritaria, siendo todos conscientes de la realidad de violencia estructural que vivimos y que busca acapararnos y embriagarnos también a nosotros como sostenedores y reproductores de esa cultura de dominación convirtiéndonos en transmisores activos o pasivos de esas ideologías egoístas y domesticadoras.

El profesor, el educador, todo educador y todo profesor somos agentes de paz que luchamos junto con nuestros propios estudiantes contra toda forma de violencia individual y estructural siendo ejemplos vivientes de nuestro compromiso por los derechos humanos, y la justicia social y una patria con desarrollo humano para todos.

Mejor es aprender de Paulo Freire en sus propias fuentes y reinventarlo a las realidades siempre cambiantes.

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Carlos Villacorta Valles / UNO COMO NOSOTROS / Literarte / De Teoría de la sustentabilidad / Sobre mi primer libro / El hombre extendido /

El papel imperial de Estados Unidos


SEQUOYAH / 78 / 79 / LIBROS / / Premio en UCI, Irvine / Proyecto de Pueblo para Puerto Rico / Kool Tour Activa / Codice / Literarte / De Teoría de la sustentabilidad / Uno como nosotros

Por Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)
El imperialismo contemporáneo se sostiene en la protección internacional que brinda el gendarme norteamericano a todas las clases dominante. Estados Unidos actúa como un sheriff global para confrontar con la insurgencia popular y la inestabilidad geopolítica. Como la primera potencia garantiza la reproducción mundial del capital, obtiene un gran financiamiento externo acumulando desequilibrios, que serían inadmisibles para cualquier otro país. La supremacía del Pentágono determina la gravitación de Wall Street, el dólar y los Bonos del Tesoro.

El estado norteamericano ha internacionalizado su actividad, a través de instituciones que actúan de manera conjunta en la esfera nacional y mundial. Mantiene además, vínculos privilegiados con todas las elites del planeta y armoniza los intereses de las empresas locales y mundializadas.

La supremacía imperial se apoya en una ideología americanista de coerción, que diaboliza a los cambiantes enemigos y naturaliza el ejercicio de la violencia. Este imperialismo cultural se expande celebrando el mercado y exaltando el individualismo competitivo.

El americanismo tiene un doble sustento de belicismo e hipocresía. El uso de la fuerza y la búsqueda de consentimientos se alternan en función de cada coyuntura internacional. Las peculiaridades del imperialismo estadounidense obedecen a un origen no colonialista, que sustituyó el anexionismo por la presión militar y el sometimiento económico.

La efectividad de la superioridad militar estadounidense es dudosa. Existen crecientes contradicciones entre la voluntad, la tentación y la capacidad hegemónica, en un contexto de segmentación económica y fractura social. Cada acción desestabiliza, además, las relaciones de competencia y cooperación con los socios. El imperialismo contemporáneo afronta fuertes desfasajes. La superioridad militar coexiste con gran diversidad de competidores económicos y creciente dispersión del poder político.

El principal sostén del imperialismo contemporáneo es la intervención militar norteamericana. El gendarme estadounidense desenvuelve sus acciones a través de un sistema de bases militares (entre 700 y 1000), distribuidas en 130 países. Desde estas instalaciones resulta posible desplegar acciones bélicas coordinadas, en todos los rincones del planeta. La presencia global que asegura este dispositivo no tiene precedentes en la historia.

El sheriff del planeta: A pesar de contar con el 5% de la población mundial, Estados Unidos maneja el 40% del gasto militar planetario. Este control indisputado de las fuerzas militares occidentales surgió del desenlace de la segunda guerra. El país emergió como una superpotencia vencedora, encargada de garantizar la supremacía capitalista sobre el adversario soviético. Desde ese momento todos los gobiernos norteamericanos han propiciado algún tipo de tensiones bélicas, frente a cada desafío de algún competidor.

Con esta finalidad priorizan el uso militar de las innovaciones tecnológicas y desarrollan una política de amenazas en el terreno atómico. Mediante estas presiones mantienen la superioridad bélica sobre sus viejos enemigos de la guerra fría y sobre cualquier contendiente potencial.

El militarismo norteamericano es amedrentador y se basa en una cultura de la violencia interna que se proyecta hacia el exterior. La tradición de conquistas fronterizas, el uso habitual de las armas, la privatización de la seguridad y la brutalidad del complejo carcelario signaron la historia de un país, que actúa como sheriff internacional.

Esta supremacía militar constituye un rasgo distintivo del imperialismo contemporáneo, en comparación al precedente clásico. Explica en gran medida la ausencia de conflagraciones inter-imperiales y el grado de asociación mundial de capitales.

La principal función del arsenal norteamericano es garantizar la reproducción capitalista en todo el orbe. Cumple una función de protección, que cuenta con el visto bueno de todas las clases dominantes. Estos sectores observan al garante estadounidense como un respaldo de última instancia, frente a la insurgencia popular o la inestabilidad geopolítica.

Este sostén se materializa en una red de alianzas, que le permite al Pentágono ejecutar sus acciones internacionales a través de organismos formalmente asociados (OTAN). Esas instituciones disfrazan el control norteamericano de las decisiones militares, mediante despliegues de efectivos con máscaras de neutralidad (Cascos Azules).

Este arrollador liderazgo bélico determina la influencia gravitante que ejerce Estados Unidos en los principales organismos internacionales (Consejo de Seguridad de la ONU). Otras instancias más informales (G 20) dependen también de las convocatorias y agendas, que establece la primera potencia.

El Pentágono y Wall Street: El sostenimiento financiero de la estructura militar norteamericana se internacionalizó en las últimas décadas. A diferencia de la posguerra, el complejo industrial-militar ya no cubre sus gastos mediante la recolección de impuestos internos. Como el resto de la actividad estatal, depende de la continuada absorción de los capitales externos, que solventan un déficit fiscal monumental.

La primera potencia socorre militarmente a sus aliados y garantiza la reproducción global del capital. Pero solventa su actividad con préstamos externos y necesita, por lo tanto, exhibir solidez bélica. Esta combinación de exigencias conduce a un reforzamiento constante de la apuesta armamentista, como única forma de asegurar la afluencia de capitales foráneos a la economía norteamericana. La colocación exitosa de bonos del tesoro exige una persistente sucesión de agresiones, que a su vez aceitan la financiación de nuevas matanzas.

Estados Unidos mantiene un lugar preeminente en la economía mundial. Sus empresas lideran numerosos sectores, se encuentran altamente internacionalizadas y comandan la innovación tecnológica. El país cuenta con una poderosa infraestructura, exporta productos alimenticios básicos y preserva el sistema financiero más gravitante del planeta. Pero a diferencia del pasado es también el principal deudor mundial y utiliza su abrumadora superioridad bélica para transferir desequilibrios a otros países.

Este mecanismo opera especialmente en el plano financiero. El potencial militar yanqui brinda seguridades a un sistema bancario de gran proyección internacional. Las entidades norteamericanas fijan las pautas globales no solo por su gravitación específica, sino también por la percepción de solvencia político-militar que transmiten al conjunto de los inversores. La confianza en el Citibank o el Bank of America está muy conectada con la credibilidad que trasmite el Departamento de Estado.

En este mismo cimiento se apoya también la capacidad del dólar para definir tipos de cambio, la incidencia de la Reserva Federal para determinar las tasas de interés y la influencia de Wall Street para fijar la tónica bursátil internacional. En los períodos de crisis esta función de garante del capital se acrecienta y los capitales temerosos emprenden vuelo hacia los refugios que ofrecen el billete, los bonos o las acciones norteamericanas.

Ningún otro país brinda a los capitalistas la dupla de garantías que genera la hermandad entre el Pentágono y Wall Street. En este campo, Estados Unidos detenta una ventaja mayúscula. La supremacía militar es un recurso de mayor impacto general, que la eficiencia de un banco o el rédito de una tasa de interés.

Solo el lugar imperial que mantiene Estados Unidos explica la inusitada absorción de capitales por parte de una economía con altísimo déficit comercial, desequilibrio fiscal, importaciones masivas y alto consumo. Ningún otro país podría sostener esta explosiva mixtura de desajustes.

Los desequilibrios norteamericanos han sido muy útiles para los proveedores y prestamistas del país. Pero han creado riesgosos desbalances, que exigen mayor confiabilidad político-militar en la primera potencia. Nadie vende a un comprador endeudado, ni renueva el crédito a un cliente en rojo, si el adquiriente no cuenta con alguna cualidad que justifique operar en la cornisa. El poderío bélico norteamericano es el principal atributo que explica esa continuidad, especialmente en las últimas tres décadas de neoliberalismo.

Un Estado internacionalizado:
Estados Unidos desenvuelve un rol imperial por medio de un estado que protege a todas las clases dominantes del planeta. Ese organismo ha internacionalizado su actividad a lo largo del siglo XX, mediante una creciente simbiosis de organismos nacionales y globales. Esta combinación le permite intervenir directamente en la reproducción mundial del capital, mediante una red de instituciones que nunca operó en las potencias imperialistas precedentes. (1)

La articulación entre funcionamiento interno y coordinación externa se gestó durante la conversión de Estados Unidos en potencia dominante. Los principales organismos del país conectaron el monitoreo de la dinámica local con el sostenimiento del orden internacional e influyeron por esta vía para garantizar el desenvolvimiento global del capitalismo.

Este enlace es ampliamente visible en el terreno militar. En Washington se definen los movimientos ejecutados en bases marítimas y aéreas, que están localizadas en todo el planeta. La OTAN instrumenta las prioridades del Pentágono, la CIA espía a todos los gobiernos y los marines entrenan a efectivos de todos los países aliados. El manejo de casi la mitad del presupuesto bélico mundial conduce a una gestión simultánea de los gastos internos de seguridad y las erogaciones exteriores de defensa. La protección fronteriza está permanentemente combinada con la intervención planetaria.

Este protagonismo global del aparato estatal estadounidense se extiende a todas las áreas de la economía, mediante una administración global de la moneda, las finanzas y el circuito bursátil. La cotización del dólar, las definiciones de la Reserva Federal y el comportamiento cotidiano de Wall Street ejercen un impacto decisivo sobre la coyuntura internacional. Lo que decide un alto funcionario norteamericano afecta a los mercados internacionales.

Este empalme de gestión nacional e internacional en el seno de un mismo estado es más evidente en el terreno geopolítico. El visto bueno o el veto que Washington transmite a sus pares de otros países es siempre crucial. Ese poder puede observarse siguiendo la actitud de los legisladores republicanos y demócratas en el Congreso. En ese organismo se debaten iniciativas para el resto del mundo, con la misma naturalidad que se auspician reglamentos o leyes estadounidenses.

Esta misma postura adoptan los mandatarios norteamericanos a la hora de transmitir consejos, preocupaciones o exigencias a otros países. Frente a cada convulsión internacional, los medios de comunicación priorizan la divulgación de la opinión presidencial estadounidense. Este comportamiento es tan usual, que ya nadie se interroga sobre el carácter anómalo de esa reacción. El escenario inverso de un líder europeo, asiático, africano o latinoamericano opinando sobre lo que debería hacer el gigante del Norte es simplemente impensable.

La primera potencia ensambla intereses nacionales y mundiales, a través de una compleja estructura de asociaciones económicas, geopolíticas y financieras. Estas entidades vinculan al establishment norteamericano con sus colegas de otras regiones, aprovechando la prioridad que asignan las elites de todo el planeta a su relación con Estados Unidos.

La simbiosis nacional-mundial del estado norteamericano cobra forma a través de instituciones económicas (Tesoro, Reserva Federal, Departamento de Agricultura, nexos con el FMI y las multinacionales), militares (Pentágono, CIA, FBI) y culturales (fundaciones, universidades, embajadas). Mediante intensas disputas por cuotas de poder, recursos y personal, estos organismos definen las estrategias que deberán prevalecer en cada circunstancia internacional. Resoluciones decisivas para las marcha de los asuntos mundiales emergen de este proceso de selección de alternativas, al interior del aparato estatal norteamericano.

En los períodos de estabilidad, las disidencias que suscita la adopción de estas políticas permanecen en las sombra o se concilian mediante fórmulas de consenso. Por el contrario, en las coyunturas críticas, las desinteligencias emergen a la superficie y son expuestas públicamente por la prensa, para zanjar la primacía de las orientaciones en disputa.

Este tipo de controversias no guarda el menor parentesco con la vigencia de la democracia, puesto que el debate busca desentrañar la efectividad de las distintas estrategias imperiales. En las discusiones sobre la forma de dirimir una guerra (Vietnam, Irak, Afganistán), nunca se contemplan los intereses genuinos del pueblo estadounidense.

La estructura estatal norteamericana conjuga en forma inédita, la coordinación externa con la cohesión interna. Al cabo de un largo proceso de internacionalización, ese organismo articula el poder nacional con la intervención mundial. Esta acción toma en cuenta también la necesaria convivencia de las empresas locales con las firmas globalizadas. El primer grupo prioriza el desenvolvimiento del mercado interno y el segundo los negocios foráneos.

Ambas fracciones tradicionalmente protagonizaron tensiones, que se reflejaron en políticas de mayor aislamiento o intervención mundial. Desde la posguerra el balance de fuerzas se ha inclinado a favor del segmento globalizado, pero sin neutralizar por completo la resistencia de sus oponentes. Los grupos mundializados actúan dentro de un aparato de raíces locales y amoldan los requerimientos de la acción imperial a esa estructura nacional-estatal.

El impacto del americanismo: Un importante cimiento de la supremacía imperial estadounidense se localiza en el plano ideológico. La justificación americanista del intervencionismo irrumpió en la posguerra, cobró importancia durante la guerra fría y se ha renovado en las últimas décadas. Renueva los mitos que inicialmente contraponían el bienestar y el pluralismo del “mundo libre”, con la escasez y el totalitarismo del “comunismo”. Este contraste entre felicidad norteamericana y pesadumbre soviética endulzaba un estilo de vida occidental, que debía defenderse con la fuerza de las armas.

Estas acciones no tenían el mismo alcance en cualquier punto del planeta. Implicaban cordialidad, complicidad y conveniencia con los aliados de la triada y violencia extrema en el Tercer Mundo. El americanismo ganó influencia mediante este doble parámetro de consideración hacia los socios y brutalidad frente a los enemigos. El consentimiento hacia Europa y Japón permitió concentrar las presiones sobre el bloque soviético y la periferia.

Estados Unidos naturalizó la acción militar para sostener la ilusión de una vida agraciada, mediante la perdurable sociedad que estableció el Pentágono con Hollywood. De este matrimonio surgió la imagen misionera de los marines, como salvadores de una civilización amenazada por cambiantes enemigos. El Departamento de Estado modificó periódicamente la fisonomía racial, idiomática y nacional de los adversarios a penalizar por parte de la sociedad occidental.

Ese relato presentó a la guerra como un devenir inexorable, que requiere heroicidad y patriotismo para alcanzar objetivos supremos. La invasión de países y la masacre de inocentes fueron ocultadas y la violencia se convirtió en un acontecimiento banal. Quedó naturalizada su aceptación como dato invariable, mientras millones de espectadores asimilaban el escenario bélico por repetición audiovisual.

El americanismo es una ideología directamente asociada con la coerción, que disuelve su contenido en la fascinación creada por las imágenes. Esta anulación de la razón, los afectos y el sentido, permite trastocar los enemigos diabolizados. Un día son comunistas, en otro momento son los talibanes y a la semana siguiente le toca el turno a los narcotraficantes.

La americanización del mundo fue logrado mediante la exportación de las mercancías culturales, que comercializan Hollywood, Disney o CNN. Estos productos multiplicaron consumos mediáticos, que sustituyeron los imaginarios tradicionales divulgados por las familias, las iglesias y las escuelas. Cuando este espectáculo se transformó en un negocio comparable a cualquier mega-actividad industrial o financiera, el imperialismo cultural consolidó su influencia, Las audiencias masivas dependientes de la publicidad crearon una masa internacional también sometida al mensaje militar estadounidenses.

A esta penetración contribuyó la universalización del inglés, como idioma de grandes imperios del siglo XIX y XX y como lengua franca de los grupos dominantes. Una variedad mayúscula de individuos provenientes de incontables nacionalidades comparten culturas, entretenimientos, sensibilidades y pautas de consumo definidas en Nueva York, Los Ángeles y Chicago. Esta familiaridad corona, a su vez, la cooptación educativa de estos sectores a los centros académicos norteamericanos. Allí se generan perdurables relaciones de intercambio, dependencia financiera y autoridad intelectual con las universidades del Norte.

El americanismo prosperó también como ideología imperial por su exaltación acrítica del capitalismo en estado puro. Este mensaje es compartido por todas las clases dominantes del mundo, que ponderan el contractualismo espontáneo, las ventajas de la desigualdad social y los méritos de la colonización mercantil de todas las áreas de la vida social.

La empresa es adulada como un campo de cristalización del talento, que permite desplegar el espíritu aventurero de los inversores y la creatividad de los gerentes. Este elogio de la firma es complementado con una veneración del individualismo, como virtud suprema de la personalidad. La acumulación es vista como una larga travesía de capitalistas heroicos, que en el pasado construyeron industrias y en la actualidad forjan redes informáticas. Este progreso es atribuido al reinado del mercado y al ansia de superación, que despierta la competencia por el beneficio.

El americanismo protege estos valores. Generaliza un clima de amenaza latente y consiguiente necesidad de contrarrestar la acción de los enemigos de la libre empresa. Para neutralizar este peligro hay que desplegar marines y bombardear poblaciones ignorantes, que obstruyen el florecimiento de los negocios. Sólo la afinidad burguesa hacia este mensaje explica la internacionalización de una ideología de basamento norteamericano.

El origen estadounidense de esta cosmovisión no es casual. En ningún otro país del mundo florecieron con tanta intensidad los patrones culturales del capitalismo. Sólo allí se forjó una tradición de celebración irrestricta del mercado, bajo el impacto de corrientes inmigratorias heterogéneas, que fueron tentadas por el sueño americano. Este desarraigo facilitó la generalización de creencias en el rápido ascenso social, la primacía del egoísmo competitivo y la ruptura con las costumbres ancestrales de la cooperación solidaria. Los esquemas narrativos simplificados de deslumbramiento capitalista que se desarrollaron en esta sociedad se transformaron en la ideología del imperialismo contemporáneo. (2)

Esta función también obedece a la obsolescencia del viejo discurso colonialista, que reivindicaba la captura de territorios como actos sublimes de nobles misioneros. La opresión de los nativos estaba naturalizada y se identificaban la demolición de la vida local con la superación de la ignorancia. Esa ideología postulaba la superioridad del hombre blanco e impulsaba (con estandartes euro-centristas), la limpieza étnica de poblaciones esclavizadas.

Como las potencias guerreaban entre sí, el desprecio hacia los aborígenes era complementado con fuertes reivindicaciones chauvinistas. Los ingleses justificaban su belicosidad con argumentos de supremacía aristocrática, los franceses con tradiciones de liderazgo cultural y los alemanes con teorías de pureza racial. Cada imperialismo promovía su expansión, alegando alguna virtud singular de su identidad nacional.

El americanismo sustituye esa exaltación de una comunidad occidental frente a otra por un ensalzamiento general del capitalismo. Reemplaza el mensaje colonial por una vacua veneración de la libertad, buscando suscitar identificaciones emblemáticas con los ideales de bienestar y democracia.

Las causas de la excepcionalidad:
El americanismo tiene un doble sustento de belicismo e hipocresía. El primer componente estigmatiza al enemigo y el segundo pondera los derechos humanos. Estos pilares provienen de una tradición que combina ambos lenguajes. Los códigos guerreros se inspiran en la política de invasiones que practicó Theodore Roosvelt y la retórica de la convivencia se nutre del legado presbiteriano-liberal de Woodrow Wilson. Lo más común ha sido el pasaje de un discurso al otro, para motorizar la misma maquinaria. En algunos casos se recurre al garrote y en otros al consenso internacional.

Las posturas de vaquero y cruzado religioso corresponden habitualmente a los intereses directos de la industria petrolera y de los contratistas militares. Las exhortaciones pacifistas están en manos de los diplomáticos y los académicos del establishment. Con mutaciones permanentes de ambos sectores se implementan las acciones imperiales.

Los belicistas no ocultan su racismo, ni su desprecio por las minorías oprimidas y utilizan los emblemas misioneros de un país, que consideran destinado a custodiar los valores del mundo libre. La vertiente opuesta pondera las normas constitucionales, enaltece la convivencia y presenta las incursiones militares como actos obligados de contención de enemigos impiadosos. Con esa ideología universalista se difunden actitudes altruistas de auxilio al resto del mundo. Se supone que todas las acciones están motivadas por el idealismo y no incluyen expectativas de retribución por los sacrificios realizados.

Los belicosos predominaron durante las gestiones de Reagan y Bush. Impusieron el retorno explícito de la coerción y la exhibición de fuerza militar, sin muchas consideraciones morales. Reintrodujeron reivindicaciones imperiales explícitas y llamados a ejercer la supremacía global sin ningún tipo de prevenciones.

Los liberales, en cambio, encabezaron los gobiernos de Carter, Clinton y lideran actualmente la administración de Obama. Difunden discursos amigables y promueven un ejercicio de la dominación consensuado con los socios del Primer Mundo. Ensayan una combinación permanente del uso de la fuerza con la búsqueda de consentimientos.

El doble sustento de estas políticas exteriores en gran medida obedece al origen histórico no colonialista del imperialismo estadounidense. Esta peculiaridad se verifica en la forma en que ha sido definido por distintos autores. Algunos subrayan su carácter informal (Panitch) y otros su desenvolvimiento no territorial (Callinicos), siempre distanciado de los patrones clásicos de dominación (Petras). Destacan su prescindencia de colonias fuera del entorno próximo (Wood) y su desapego de los protectorados (Hobsbawm). (3)

Estas peculiaridades se extienden incluso el sistema internacional de bases militares. Estas instalaciones implican una ocupación restringida de territorios y una sujeción política acotada de las zonas aledañas. El imperialismo norteamericano ejerce su control miliar del planeta, sin arrastrar las rémoras del expansionismo europeo de ultramar. Se forjó extendiendo su radio territorial, con muchas anexiones fronterizas y pocas colonias.

El período inicial de establecimiento de dominios directos fue relativamente breve, en comparación a la norma de sometimiento económico que prevaleció desde la posguerra. Por esta razón, las exhibiciones de voluntad conquistadora siempre estuvieron sucedidas por engañosos reconocimiento de la soberanía ajena. La coerción militar mantuvo un equilibrio con las presiones políticas y los imperativos económicos.

Estos mecanismos imperiales se ubicaron en las antípodas del anexionismo, que intentó por ejemplo practicar el nazismo alemán. Los propósitos de conquista norteamericana siempre estuvieron encubiertos con defensas retóricas de la auto-determinación nacional.

El contraste más llamativo es con el precedente británico. Estados Unidos retomó primero el modelo semicolonial, que los ingleses habían ensayado en América Latina, concediendo autonomía política para jerarquizar el sometimiento económico. Cuando la primera potencia alcanzó su status dominante pleno, abandonó todos los vestigios de ese esquema. Esta política es muy distinta a la orientación que mantuvo su antecesor hasta último momento en la India, África u Oriente.

Estas diferencias obedecen a las condiciones en que actuaron ambas potencias. Gran Bretaña se vio obligada a salir rápidamente al exterior para colocar sobrantes industriales, importar materias primas y asegurar su preeminencia financiera ante los rivales. En cambio Estados Unidos forjó su dominio a partir de una base territorial propia de gran extensión. No emergió de una localización pequeña (como Holanda o Portugal), ni mediana (como Gran Bretaña o Francia), sino del enorme asentamiento que poblaron torrentes masivos de inmigrantes.

El gigante del Norte contó con un margen temporal suficiente para ampliar primero su frontera agrícola y desenvolver posteriormente un vasto mercado interno. Siguiendo el mismo ritmo erigió una industria protegida y una banca poderosa. Cuando maduró su retaguardia salió a la conquista plena del mundo.

Estados Unidos pudo expandirse primero en un territorio maleable y diversificado. Desenvolvió un modelo económico auto-céntrico (ligado al mercado interior) y no extrovertido (dependiente del mercado mundial). Luego del triunfo del Norte en la guerra civil apuntaló el proyecto proteccionista contra las tendencias librecambistas del Sur. De allí emergió una solidez industrial, que posteriormente reforzaron las grandes corporaciones, actuando en un mercando integrado con formas de organización vertical.

De este esquema surgió una economía imperial más consistente que el modelo británico de empresa mediana especializada y altamente dependiente de los abastecimientos y mercados externos. El país fue además poblado por inmigrantes atraídos por la movilidad social y desarraigados de todo pasado no mercantil.

Estados Unidos consolidó una superioridad militar que Gran Bretaña no alcanzó siquiera, durante el esplendor victoriano. El dominio bélico norteamericano supera desde la posguerra al logrado por su antecesor en 1830-70. Incluye un control del espacio mucho más significativo que el manejo precedente de los mares. Se apoya en una supremacía global y no debe lidiar con amenazas permanentes de los rivales. El secreto de su dominación radica, en última instancia, en la aptitud para comandar un imperialismo acabadamente capitalista, en la madurez de este sistema.

Capacidad y efectividad:
Estados Unidos mantiene una aplastante superioridad militar, pero la efectividad de ese predominio es cada vez más dudosa. El uso de la fuerza está sometido a limitaciones, que generan muchas preguntas sobre la capacidad real de la primera potencia para ejercer el poder global.

Algunos autores retoman distintos estudios que distinguen tres variables: voluntad, tentación y capacidad hegemónica. Evalúan con estos criterios, la fuerza real que puede desplegar el gigante del Norte. Las dos primeras intencionalidades emergen a la superficie cotidianamente, pero su concreción está sometida a crecientes interrogantes. (4)

Estados Unidos ha perdido la superioridad económica contundente que sostenía inicialmente su primacía militar. La productividad y competitividad industrial norteamericana han caído significativamente, en comparación a los promedios de posguerra. Los cimientos del poder se han invertido y en la actualidad las ventajas militares compensan el deterioro económico. La supremacía estadounidense ya no presenta el carácter absoluto e integral que exhibía en la primera mitad del siglo XX.

Este cambio no implica declinación absoluta. Expresa un proceso de reorganización productiva y financiera, que ha segmentado la estructura económica norteamericana. Los sectores internacionalizados ganan espacio en desmedro de las ramas que operan exclusivamente para el mercado interno.

El avance de las empresas mundializadas a costa de las empresas que sólo actúan en el plano local es muy significativo. Los segmentos globalizados que desenvuelven actividades enlazadas con el mercado mundial (aeronáutica, computadoras, electrónica, finanzas) han desplazado a las franjas puramente domésticas. Este viraje produce una fuerte regresión industrial de los sectores y localidades atados a la vieja configuración interna. (5)

La prosperidad de las compañías que actúan en el exterior se afianza a costa de las empresas que han quedado fuera de esa carrera. Por esta razón, las ganancias que receptan el primer tipo de firmas supera ampliamente al promedio nacional y acapara el grueso de los beneficios obtenidos durante la era neoliberal. (6)

La localización externa de estas compañías y su fuerte internacionalización productiva tiene un correlato directo en la mundialización de las finanzas. Los ingresos financieros que obtienen las entidades a través de negocios internacionalizados son también más elevados que las ganancias generadas dentro del país.

Las consecuencias de esta segmentación de la economía sobre el ejercicio del poder imperial son muy inciertas. Pero es evidente que incentivan un despliegue más vasto de intervenciones políticas y militares mundiales, acorde al salto consumado con la globalización económica. Habrá que ver cuál es la factibilidad real de estas acciones.

Estados Unidos necesita reafirmar su liderazgo conduciendo nuevas guerras, cuyos resultados finales nadie puede anticipar. La instrumentación de estas sangrías se ha tornado más compleja con la eliminación de la conscripción obligatoria. Cada agresión externa exige ahora mayor inventiva, despliegue ideológico y acción psicológica por parte del Pentágono. Estas iniciativas son indispensables para preservar cierta tolerancia popular frente a estos atropellos y contrarrestar los temores a una represalia de las víctimas.

Bush introdujo la guerra preventiva para estimular este alineamiento bélico y utilizó el 11 septiembre, como un Pearl Harbor de movilización patriótica. Los especialistas militares complementaron esta política, incentivado expectativas en la concreción de guerras electrónicas sin costos humanos. Con estas fantasías han buscado resucitar el sostén masivo al belicismo oficial.

Pero en los hechos cada nuevo emprendimiento bélico potencia las tensiones internas, especialmente entre los sectores militaristas (interesados en el rédito bélico de los operativos) y los funcionarios del establishment económico (que privilegian las consecuencias sobre los negocios). El primer grupo se guía por proyecciones geopolíticas y metas de acrecentamiento del poder estadounidense. El segundo sector promueve el multilaterialismo y resiste las acciones que afectan la estabilidad jurídica o la obtención de beneficios inmediatos.

La preeminencia de uno u otro grupo siempre ha sido muy variable. En las últimas décadas los militaristas impusieron sus prioridades en Medio Oriente (sostén irrestricto de Israel) y los grupos económicos ganaron la partida en Asia (privilegio de los negocios con China). Pero la balanza entre ambos sectores muta con frecuencia y las posturas en discordia suscitan fuertes choques políticos.

Cada acción militar desestabiliza, además, las relaciones norteamericanas con sus aliados de la tríada. Para ejercer su dominación, la primera potencia debe recrear un equilibrio entre competencia y cooperación con sus socios. Buscando ese balance tolera el desarrollo de fuerzas militares aliadas, mientras fomenta asociaciones militares que no cuestionen su jefatura.

El logro de estos objetivos es muy complejo. Estados Unidos debe cooptar, comprometer y subordinar a sus rivales, sin someterlos por completo. Necesita generar relaciones de aceptación y no de mera imposición. Debe mantener con sus pares del Primer Mundo vínculos de coordinación, que difieran cualitativamente de la dominación impuesta a la periferia. Este balance entre el suprematismo (acciones en detrimento de rivales) y el hegemonismo (iniciativas en cuadro asociado) recrea tensiones constantes.

Un escenario variable:
Estados Unidos ejerce un liderazgo con limitaciones y no está en condiciones de actuar con patrones superimperiales de total unilateralidad. Hace valer su superioridad, sin desbordar los equilibrios que sostienen su dominación.

Pero el simple ejercicio del poder conduce a la multiplicación de aventuras con resultados impredecibles. Nadie puede anticipar cómo y cuándo estas acciones conducirán a un final tormentoso, pero esta posibilidad siempre amenaza a una potencia enredada en brutalidades mayúsculas.

La propia supremacía ideológica de Estados Unidos es socavada por esa sucesión de atrocidades. No es lo mismo administrar periódicamente la violencia que justificar permanentemente su utilización. La coerción sistemática tiende a desembocar en aislamiento e impotencia.

Una situación de este tipo fue afrontada por la ideología estadounidense durante la fuerte oleada de cuestionamientos que signó a los años 70. Esta crisis fue revertida con la derechización neoliberal de las últimas décadas, pero un nuevo clima de insatisfacción afecta nuevamente al americanismo

El mayor interrogante es el efecto de estos procesos sobre la propia población estadounidense, que enfrenta un contexto muy diferente al pasado. Los réditos económicos ya no se distribuyen en toda la estructura social y la acción imperial externa tiende a reforzar la fractura, entre los segmentos enriquecidos y las masas pauperizadas.

Esta polarización modifica sustancialmente todos los comportamientos y reacciones. Los pobres, los desocupados y los excluidos aportan ahora la carne de cañón requerida por las multinacionales y las elites de millonarios.

Esta segmentación social socava también la legitimidad política interna de muchas operaciones. No hay que olvidar las limitaciones que tradicionalmente enfrentó un país distanciado del colonialismo clásico, para utilizar masivamente la fuerza en guerras internacionales. Cada acción bélica exige generalizar una motivación especial, que empuje a la población a aceptar esa cruzada.

El imperialismo contemporáneo se sostiene, por lo tanto, en la protección internacional que brinda el gendarme estadounidense a todas las clases dominante. El estado norteamericano ha internacionalizado su actividad y usufructúa de una ideología americanista, que es compartida por vastos sectores capitalistas del planeta. Como la primera potencia garantiza la reproducción mundial del capital, acumula desequilibrios económicos que serían inadmisibles para cualquier otro país.

Pero afronta un escenario de limitaciones al ejercicio de su dominación. Mantiene una superioridad militar abrumadora, que se desdibuja en área económico y pierde solvencia en el campo geopolítico. La capacidad coactiva no implica consistencia para articular coaliciones, ni consenso para ejercitar la fuerza.

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Notas:

1) Esta caracterización expone: Panitch Leo, The state, globalisation and the new imperialism, Historical Materialism, vol 9, winter 2001.

2) Esta tesis desarrolla: Anderson Perry, Fuerza y consentimiento, New Left Review, n 17, septiembre-octubre 2002.

3) Panitch Leo, Gindin Sam, “Capitalismo global e imperio norteamericano”, El nuevo desafío imperial, Socialist Register 2004, CLACSO, Buenos Aires 2005. Callinicos Alex, “La teoría marxista y el imperialismo en nuestros días”, Razón y Revolución, n 56, Buenos Aires, 2010. Petras James, Veltmeyer, “Construcción imperial y dominación”, Los intelectuales y la globalización, Abya-Yala, Quito, 2004. Wood Ellen Meiskins, Empire of Capital, Verso 2003, (Cap 6 y 7). Hobsbawm Eric, “Crisis y ocaso del imperio”, Clarín-Ñ, 15-10-05. Hobsbawm Eric “Un imperio que no es como los demás”, Le Monde Diplomatique, edición chilena, junio de 2003.

4) Boron Atilio, “La cuestión del imperialismo”. La teoría marxista hoy, CLACSO, Buenos Aires, 2006.

5) Un análisis de este cambio en: Halevi Joseph, Varoufakis Yanis, The global minotaur, Imperialism Now, Monthly Review, vol 55, n 3, July-August 2003.

6) Por ejemplo, en el año 2000 las ganancias de las filiales en el exterior de Estados Unidos equivalían al 53% de las ganancias domésticas. Llegaron a esa cifra a partir de un crecimiento regular que comenzó con 10% en 1943. Dumenil Gerard, Ley Dominique. El imperialismo en la era neoliberal. Revista de Economía crítica n 3, 2005.

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Thursday, June 23, 2011

México: Resistencia y emergencia nacional


SEQUOYAH / 78 / 79 / LIBROS / / Premio en UCI, Irvine / Proyecto de Pueblo para Puerto Rico / Kool Tour Activa / Codice / La rebeldía jubilosa

Por Salvador González Briceño
ALAI AMLATINA: Resistencia civil pacífica. Lo que comenzó el pasado 5 de junio en Morelos como Caravana por la Paz de Cuernavaca a Ciudad Juárez, concluyó este fin de semana en Juárez como Caravana del Consuelo; es decir, transmutó en el trayecto.

Ha sido una de las caravanas más largas, casi tres mil kilómetros, pero no la única. En septiembre de 1991 la Marcha por la Dignidad la encabezó Salvador Nava Calvillo desde San Luis Potosí hacia el Distrito Federal, en defensa de su triunfo electoral; el Éxodo por la Democracia que encabezó desde Tabasco al DF Andrés Manuel López también el 1991, por igual motivo; la marcha de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) hacia la Ciudad de México en 1995 y otra en octubre de 2006, por el respeto a los derechos laborales; las marchas del EZLN encabezada por el subcomandante Marcos en 1991 y 2001, en reconocimiento por los derechos de los pueblos indígenas plasmados en una Ley Indígena que no cuajó pese a las promesas de Ernesto Zedillo.

Todas, como secuelas del régimen autoritario y represor priista, y de colofón panista, renuentes en atender las demandas ciudadanas que exigen del gobierno, aparte de cumplir con sus promesas democráticas de respeto a la dignidad, a los derechos ciudadanos, humanos, etcétera, el cambio de régimen político y no sólo electoral —porque la democracia es más que mecanismo electorero, como lo quiere ver a conveniencia el propio sistema político.

Encabezada por el poeta Javier Sicilia, que entró de lleno a la resistencia civil —de la mano de tantos más que padecen de cerca la violencia— desde que asesinaron a su hijo, la marcha se propuso «ir por donde están los corazones más adoloridos, romper ese miedo, ese cerco para abrazarnos y decirles a los señores de la muerte —estén donde estén, sean criminales o gente en el gobierno coludida con ellos— que no estamos solos los mexicanos». La solidaridad ciudadana dado el abandono de las autoridades y la inoperancia de las policías al contener la violencia desatada en el territorio nacional, unos estados más otros menos, todos padeciendo el mismo síndrome de descomposición.

Así, el trayecto incluyó entidades como el propio DF, Estado de México, Michoacán, Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco, San Luis Potosí, Durango, Coahuila, Nuevo León y Chihuahua. “Les queremos decir —al gobierno y los criminales, expresó Sicilia—, que estamos hartos de su guerra; de sus corrupciones; de que quieran humillar a esta nación. La gente quiere vivir en paz y salir a la calle todos los días sin temor”.

Los seis puntos del Pacto para la Paz iniciales: verdad y justicia por las víctimas y sus familiares; fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana; combatir la corrupción y la impunidad; combatir la raíz económica y las ganancias del crimen; atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social; democracia participativa y democratización de los medios de comunicación.

Puntos que, sobre todo el tercero, cuarto y sexto [porque los otros son coyunturales], mínimamente, debieran ser parte de un Plan de Transformación Democrática del Estado —no sólo del gobierno y sus corroídas y añejas estructuras—, bajo una iniciativa surgida ya desde el Poder Legislativo o sobre todo del Poder Ejecutivo —por la fuerte influencia del presidencialismo—, bajo el consenso y participación activa de la sociedad organizada. Situación que, se dice comúnmente, no ha sucedido por la falta de voluntad política del régimen; pero que en el fondo no se da por las presiones de los grupos de interés que defienden sus intereses, sobre todo empresariales, y de Estados Unidos.

La miopía del Presidente Calderón a recular en la fallida estrategia contra el crimen organizado, pese al saldo de los más de 40 mil muertes que hacen eco en el extranjero [las protestas aéreas en la Universidad de Stanford, donde fue recordada la campaña “No Más Sangre” con la frase: «¿40,000 dead. How many more?», en la graduación de 4 mil estudiantes], son insuficientes para revisar siquiera las medidas aplicadas hasta ahora.

Por lo tanto, y menos a estas alturas del sexenio porque todo en él se da según el curso de los tiempos políticos y ahora son meramente electoreros, no habrá iniciativa desde el sistema para modificar nada o siquiera poner oídos a las demandas ciudadanas; pero por ello también es puntual la demanda ciudadana para presionar desde afuera con la bandera de la resistencia civil pacífica, como la definió Sicilia en parangón de la estrategia de Gandhi en la India contra el imperio británico.

En este sentido, dijo uno de los voceros de la “Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad” cuando concluyó su recorrido: lo que queda por delante para el Pacto Nacional Ciudadano es, «traducir todo ese dolor humano recogido en su trayecto, en un emplazamiento a los actores responsables para hacer cumplirlo». En otras palabras: «De lo que se trata ahora es humanizar a la autoridad, lograr que se rompa toda esta impunidad a través del diálogo y formas de resistencia pacífica, que pueden ser una fórmula moral tremendamente radical para lograrlo».

Luego entonces, «está claro que no es esta resistencia civil el saque para iniciar el diálogo con las autoridades, pero tampoco queremos que éste sólo sirva para que, por ejemplo, el presidente Felipe Calderón nos diga que acompaña nuestra causa, sino para que realmente se modifiquen las cosas; la resistencia estará en función de la respuesta». Porque «se trata de humanizar al adversario, no odiarlo; aún con los grados de inhumanidad que tenga, hay que conocer el proceso de esa inhumanidad, que puede ser la ignorancia y poder confrontarla, pero no reforzar su inhumanidad porque si no vamos a chocar de frente y entrar en una espiral de violencia».

Al movimiento encabezado por Sicilia, durante y conforme avanza la organización y la protesta, se suman las organizaciones civiles. Se trata de «atender la situación de emergencia nacional_ desde afuera del sistema. Porque entre las prioridades está, en palabras de Sicilia, «rehacer el tejido social, limpiar las instituciones jurídicas de la corrupción y cambiar la estrategia de combate al crimen organizado». vER
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Dra. Eugenia Sacerdote de Lustig: Ciudadana ilustre de Buenos Aires


SEQUOYAH / 78 / 79 / LIBROS / / Premio en UCI, Irvine / Proyecto de Pueblo para Puerto Rico / Kool Tour Activa / Codice / La rebeldía jubilosa

Por Alfredo Leuco
ARGENTINA: El año pasado le hablé de la doctora Eugenia Sacerdote de Lustig. ¿Se acuerda? Varios oyentes me pidieron que volviera a contar su historia en homenaje al día de la mujer. Ella se hizo famosa entre comillas cuando la línea 80 la nombró pasajera ilustre y le dio un pase de por vida.

Era un premio a su constancia de viajar todos los días en ese colectivo a su trabajo como jefa de investigación del Instituto de Oncología Angel Roffo. Por aquel entonces, la venerable mujer tenía 90 años.

Esa anécdota ciudadana disparó la curiosidad de los medios y muchos conocimos la vida ejemplar de la doctora Eugenia. Su esfuerzo, su sacrificio cotidiano de lucha. Nos enteramos que esta señora que podría ser la abuela de cualquiera de nosotros, con el cabello totalmente blanco y que andaba lento como perdonando al viento tiene en su guardapolvo de investigadora a su orgullo mas grande. Después fue declarada ciudadana ilustre de Buenos Aires e inmigrante ilustre del Piamonte, la patria chica de Italia donde dejó parte de su familia. La doctora desciende de los barcos como tantos argentinos. Tenía 25 años y una hija en sus brazos que cumplió un año en plena travesía en el medio del océano.

Llegó al puerto con sus valijas de cartón y con la esperanza de construir una nueva vida en un país libre y democrático, lejos del fascismo de Mussolini que manchaba su tierra querida. Mientras aprendía a cantar y a bailar el tango, se dedicó a combatir otros males tan terribles como el totalitarismo del Duce: enfrentó la peor epidemia de polio que tuvo la Argentina antes de que se descubriera la vacuna Salk.

Y como si esto fuera poco le declaró la guerra científica al Mal de Alzheimer y el cáncer. Ese maldito cáncer, tal vez como revancha le fue erosionando la vista. Sus ojos comenzaron a nublarse hasta la ceguera absoluta. Por eso dejó de viajar en colectivo y ella, tan corajuda, empezó a tenerle miedo a los escalones que es lo imprevisto que sube o que baja. Pero una remisería vecina la empezó a llevar de aquí para allá, porque ella es un tesoro de todos que todos tenemos que cuidar.

Tenía 90 años y seguía cumpliendo con su vocación y obligación. Dirigía a los jóvenes biólogos en su análisis del transplante neuronal en las ratas de laboratorio. Era admirable su cargo de investigadora del Conicet. La doctora Eugenia recibió el premio Hipócrates que es la más alta distinción que un médico puede recibir en nuestro país y eso no la transformó en mármol ni en bronce. Se mantuvo de carne y hueso y ni siquiera se volvió formal o aburrida.

Era la más chistosa del trabajo. La encargada de celebrar los cumpleaños de sus compañeros, de homenajear la vida compartiendo al mediodía una porción de tarta y una mandarina de postre. La Nona sabia inoculó en la sangre torrentosa de sus hijos y nietos el amor por la educación, la excelencia y la honradez.

Ella sigue estudiando aún hoy que tiene, escuche bien por favor, aun hoy, que tiene 100 años.

Esta maravilla de la humanidad tiene dos adicciones: los libros y la quesería donde compra los manjares que la acercan a su infancia como la mozzarella de Búfalo o el delicioso mascarpone. A los 100 años, la doctora Eugenia , mezcla milagrosa de neuronas y sensibilidad solidaria es considerada una reina madre por sus discípulos. Ella que fue discípula de Bernardo Houssay, uno de nuestros premio Nóbel.

Es una pachamama que cruza los genes italianos con los judíos y protege todo lo que toca. No se enoja nunca. Sonríe siempre. Dice que esa es su fórmula para cumplir un siglo en paz y armonía con todos. Esta orgullosa porque fue reconocida como Prócer de la medicina bicentenaria, un diploma de honor, que le entregó otro oncólogo honesto como ella, el ex presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez. Hoy la doctora Eugenia tiene9 nietos y solo se lamenta que la ceguera no le haya permitido conocer la cara de sus 4 bisnietos. Escucha radio y tiene un software que le lee los diarios. Ella insiste en que está ciega.

Sin embargo yo tengo la sospecha que su mirada va mucho mas allá de lo que uno puede suponer.

Mira con el cerebro y con el alma. Es un siglo de mujer y orgullo.
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Proteger los bosques de Brasil: Su importancia


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BRASIL: La Amazonía está en serio peligro. La Cámara de Diputados del Congreso brasileño ha aprobado una reforma que reduce los niveles de protección legal de los bosques de Brasil. Si no actuamos ahora, una amplia extensión de este gran pulmón del mundo podría terminar siendo arrasada.

Esta decisión ha despertado rabia y protestas por todo Brasil, mientras la tensión sigue creciendo. En las últimas semanas, destacados defensores del medio ambiente han sido asesinados supuestamente por matones armados contratados por taladores ilegales de madera. Es un momento crucial: están tratando de silenciar las voces críticas justo ahora que el Senado está debatiendo esta ley. Pero la presidenta Dilma podría vetarla, si la persuadimos para que resista la presión y asuma su condición de líder global.

El 79% de los brasileños se muestra a favor del veto de Dilma contra los cambios de la ley forestal, pero sus voces están siendo apabulladas por el lobby maderero. Ahora depende de nosotros darle un fuerte impulso al debate y hacer de la protección de la selva amazónica un asunto mundial. Unámonos ahora en un gran llamamiento mundial para detener los asesinatos, frenar la tala ilegal, y salvar la Amazonía. Firma la petición abajo -- cuando alcancemos las 500.000 firmas, se la entregaremos a la presidenta Dilma. FIRMA

¡A la gente le encanta Brasil! El sol, la música, el baile, el fútbol, sus paisajes y naturaleza -- es un país que inspira a millones de personas alrededor del mundo. No es casualidad que Brasil vaya a ser la sede del próximo Mundial de Fútbol, que en Rio de Janeiro se celebren las Olimpiadas 2016, y que allí se organice también la Cumbre de la Tierra 2012 para detener la lenta muerte de nuestro planeta.

Dicho cariño por Brasil no está errado. La Amazonía es vital para el planeta tierra, ya que el 20% del oxígeno y el 60% de nuestra agua dulce provienen de esta magnífica selva tropical. Es crucial que la protejamos.

A su vez Brasil se está desarrollando rápidamente, mientras sigue luchando por sacar a millones de sus ciudadanos de la pobreza. En este contexto, sus líderes políticos se enfrentan a una gran presión para talar la selva y apoyar a la lucrativa industria minera. Por estas razones, Brasil está muy cerca de doblegarse y reducir los niveles de protección del medio ambiente. Mientras tanto, los activistas locales están siendo asesinados, intimidados y silenciados. Ahora está en nuestras manos, como miembros de Avaaz, unirnos a los brasileños y pedirle a los políticos de Brasil que se mantengan firmes ante la presión.

Muchos hemos visto que el crecimiento de nuestros países se ha producido casi siempre a expensas de nuestro patrimonio natural, contaminando el agua y aire, y destruyendo nuestros bosques.

Pero hay una alternativa diferente para Brasil. Los antecesores de Dilma redujeron la deforestación de forma importante y eso ayudó a mejorar la reputación internacional de Brasil como un líder en la protección del medio ambiente. Todo ello a la vez que el país disfrutaba de un enorme desarrollo económico. Unámonos ahora para pedirle a Dilma que siga estos pasos.

En los últimos tres años, los miembros de Avaaz de Brasil han obtenido grandes logros: asegurando la adopción de una histórica ley contra la corrupción, presionando a su gobierno para que juegue un rol clave de liderazgo ante la ONU, defendiendo los derechos humanos y tomando acciones para promover la democracia en el Medio Oriente, en África y en otros lugares.

Ahora, mientras valientes activistas brasileños se la están jugando y están siendo asesinados por proteger un recurso natural de gran valor para el planeta, unámonos y construyamos un movimiento internacional para salvar la selva amazónica.

El 85% de los brasileños prioriza proteger bosques sobre agricultura: sondeo: Ver / Cámara de Diputados de Brasil flexibiliza ley que protege los bosques / Brasil otorga la impunidad a los deforestadores de la Amazonia / Los pistoleros imponen su ley en la selva
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Wednesday, June 22, 2011

Sobre mi primer libro / El hombre extendido


SEQUOYAH / 78 / 79 / LIBROS / / Premio en UCI, Irvine / Proyecto de Pueblo para Puerto Rico / Kool Tour Activa / Codice

Por Carlos López Dzur / poeta


Casi todas las personas que alguna vez, desde que soy cibernauta, me han comentado los textos de El hombre extendido parten de lo primero que conocieron de su contenido que es la segunda parte, titulada «El viajero». Aluden al libro como el que contiene «Me conocen» / «Me olvidan». No puedo identificar mis creaciones de ese modo, si bien debo indicar que El hombre extendido (EHE) no es mi primer libro, [1] aunque parezca el primero. De hecho, EHE es el primer libro publicado (en ambas ocasiones, sus dos ediciones, parcialmente) y el primero que recibe un reconocimiento amplio por universitarios por haber sido premiado en UCI, Irvine.

Mas tengo claro que no es un libro tan simple como para aludirlo como uno sobre la inmigración y/o la nostalgia. La estructura pensada del libro dispuso como sus cuatro partes: (1) Lecciones Dionisíacas, (2) El viajero, (3) El destino de la rebeldía y la reconciliación con el Kairós y (4 )La rebeldía azul de los perturbadores. En otras palabras, El hombre extendido tiene un personaje central y arquetípico. Es Dioniso, dios trágico y, al mismo tiempo, deidad del júbilo de la existencia. Este último aspecto, Dioniso como cantor lírico de amor, es representado por su lira y las fiestas de su festejo por las ménades y bacantes. Dioniso es Llama, ardor de corazón reconciliado por dos pares de elementos: rebeldía y regocijo, lo social y lo íntimo.

No se dude que éste es el primer libro personal o parataxis poética con que, en consideración de los estados poscoloniales que España dejara en América y vista la población migrante en los EE.UU., atestiguo e inicio un pensar comparativo y multicultural de lo que presenciaré material, política y culturalmente. Nazco como poeta social pese al fuerte contenido místico / o presupuestos conceptuales / que siempre ha tenido mi poesía, o aquello que fue de mis predilecciones literarias desde mi niñez. Ocurre que, para este proceso creativo, viviré en los EE.UU., y con «El hombre extendido» mi consciencia se dará a explicar el orden del mundo ecuménico, el Estado y la sociedad. Lo pretenderá por primera vez y, en consecuencia, buscaré una voz hablante que comprenda y simbolice lo que emprendo.

El mundo tebano y ateniense son entonces subtópicos de mi partida. No son ahora meramente lo literario e hipotético. Viviré existencialmente mi pasión por estos símbolos. Pasaré de Macedonia al Monte Citerón como poseso de Dioniso... El viaje que se inicia en la Parte Dos del libro es la ruptura con mundos unipolares de mito y religión, en favor de una asumpción del destino por la rebeldía, descrita en la Parte Tres. Soy yo, emocionalmente poseyendo estos símbolos, sacándolos de lo abstracto-religioso para hacerlos sociales, sustanciales y reconocerlos en California, o en cualquier parte del mundo y con cualquier etnia. Escribo con un carga motiva que tiene mucho de desmesura / hybris / temor y arrebato. Es que California me parece tan nueva, como vivir las diferencias entre San Diego y Tijuana. O Los Angeles y mi natal Pepino.

Dioniso es el Arquetipo mediador con el que me place hacer este análisis desafiante. El héroe trágico es necesario a la meta de reeducar el Estado / cualquier comunidad del Estado / para la libertad o dar proyecto de país a la gente que cohabita el espacio o ciudad (polis). El mito de Dioniso sirve para desenmascarar la dictadura olímpica, las máscaras sociales y falsos dioses. El Dioniso de mi libro es el verdadero 'hombre extendido' que en mis textos puede hallarse en California, lo mismo que en Macedonia y la Cuarta Parte [«La rebeldía azul de los perturbadores»] en mi poemario revelará la dimensión mística y cósmica de esta humanidad extendida.

El motivo de la rebelión es la incapacidad humana de disfrutar libremente la necesaria energía, la preeminencia en el mundo de adoraciones del Sublime absoluto, encarnado en el Estado. Al querer un mundo más humano, el Dioniso interno se queja:

Mi mundo teja abajo es lo que quiero,
seco y amargo mi mundo:
la masa de reposo,
mi fuente, nexos de gravedad,
mi amparo.

Estas expresiones de sustancia o necesaria energía son la Llama / Shajevet / o la estructura física de la llama que este Dioniso echa de menos. La dimensión del corazón humano, en cuanto pone su pasión para el bien, es como la mecha a la Llama. La alusión a lo azul es el Gran Mechero o fuente de energía de la llama. El amor mismo, cuando arde con pasión, es la llama interior. Nuestro azul o color de llama divina. Nuestro 'shalhevet-kah / Jashmal'. Esta es la divinidad de la rebelión de la que hablo cuando elijo a Dioniso como voz poética mediadora de mi propia voz. El corazón dionisíaco / ese portavoz arquetipal / nos pasa por muchas pasiones del miedo al temor, de la devoción a la sinceridad; pero la compasión y el valor es lo que distingo del heredero de la lira y su eterna nostalgia.

De lo que se trata en los poemas de EHE, es de mi defensa a la rebeldía épica, esto es, al poder transformador de la voluntad ante condiciones circuntanciales y existenciales que opacan regocijos en favor de una visión trágica de la existencia. De hecho desde los tiempos de Esquilo, padre griego de la Tragedia, la visión trágica se relaciona a la idea de que el conocimiento, del Bien como del Mal, es sólo posible por el sufrimiento.

La visión trágica es reformulación del mito épico en la Atenas del siglo V y de aquellos personajes del mito que dudan / examinan / o confrontan el Orden divino del mundo (Díké), legalidad suprahumana, cuestionamiento que se infiere de las tragedias de Esquilo y Sófocles (Orestía, Antígona). Es cierto que el hombre / su humanidad / se extiende cuando viaja y convive en geografías distintas; pero, de igual importancia en este libro, es que el hombre 'se extiende', o se amplía, o crece, cuando además de las leyes no escritas, no legisladas teológicamente, crea instituciones humanas para la Ley o las Causas de Acción que despiertan el hecho trágico. En este particular, se explican las intenciones de los poemas que se concentran en las nociones de «hamartía», «até» e «hybris».

Aunque el libro es una apología a lo trágico, lo Trágico no es definido como absoluto y determinístico. Es sólo un sabor provisional en torno a la «fragilidad» de la felicidad en las condiciones sociológicas que han propiciado sufrimiento o el encadenamiento del potencial liberador y rebelde que el hombre tiene en sí y que será su reeducación para la libertad y la estimación de la aporía de progreso humano. Muchos intérpretes de Platón tienden a rechazar el valor de la tragedia para la educación y la cultura.

Lo que es visible, como visos conclusivos del poetizar en EHE, es mi comodidad con la rebeldía como elemento trágico permanente (no seré yo quien, como Eurípides, vaticine la «muerte de la tragedia», aunque entienda la necesidad de que mueran interpretaciones sofísticas y aún el cómodo estoicismo del senequismo). Estoy más cerca de la rebeldía unamuniana: El sentimiento trágico de la vida y la erótica de Kierkegaard.

Otros amigos, ahora que leerán lo que antes no se viera, las cuatro partes del libro juntas y cada uno de los poemas indexado a la parte que corresponda, ya no podrán referir el poemario «como aquel que escribiste sobre perros y jaurías». Alusión que también me desorientara porque más que de perros, el libro EHE lo que describe son erinias. Una ancianas furiosas, con cierto aspecto perruno o de hienas. En el poema Viene entre perros y viejas bochinchosas, el hablante del poema (el rey Penteo que parece conversar con Cadmos) habla sobre la irrupción de Dioniso a Tebas. El mismo da una prosopopeya de su ser canino:

No me saque en cara usted que me haya dado
un hueso / el reino de Tebas /
y, si nada, ni se preocupe.

Para que el amor se asome
yo nunca pido ni suplico ni espero.
No lamo a ningún amo. Y si él, Dioniso
es llamado el Rebelde, yo soy más rebelde
que él. Yo despojo. Muerdo.

Eso es lo que Penteo es, el Despojador, el represor, nihilista negativo, el enemigo del rebelde bueno que Dioniso representa. El no puede ser humilde, sí arrogante («No lamo a ningún amo»). En contraposición, el rebelde positivo (Dioniso) es uno con fe y humildad. Es capaz de compararse con el perro leal, aún con el que fue apaleado. Este perro simbólico que marca sus huellas, por si le tocara regresar, está simbolizado con el alma viajera (Parte 2). Y una de las cosas que dice de sí y del por qué regresa es que la fe consolida al ser como alma y lo ayudará a vencer peligros que conducen a lo trágico, a la fragilidad de la felicidad y proyecto de vida:

(La fe) Ella es dharma, nunca hamartia.
O desmesura, tan fatal hybris.
Me inspira la entrega de todo lo que merezco.

La fe me explica que el Ser es ya el alma,
y quien la tiene la toca, la despierta, la conmueve.
Aprende el alma de la fe y la fe del alma.

Uno de los mensajes más importantes del libro, como una de mis tarea reflexivas iniciales para redefinir al revolucionario / rebelde / es indicar dos ingredientes del carácter del héroe trágico. Tiene que ser humilde y leal como son los perros, pero su Amo es el ser / ente hombre o mujer/ con fe, el adorador(a), la bacante o la ménade. Esos pueblos itinerantes que le siguen son sus símbolos de adhesión. En las tragedias suelen representarse como mujeres / o coros de suplicantes. Estas mujeres, bajo el liderazgo de Dioniso, están dispuestas a toda lucha y son distintas en su función a las Erinas [2] (Furias del Orden Divino extrahumano), aunque pueden ser devoradoras como las erinas mismas.

¿Hay algo reprochable en que una Erinia se convierte en un símbolo de venganza, en particular cuando se ha comentido una bejeza criminal? ¿Cuándo pueden ser venerables diosas? ¿Cuando seres meramente borrosos y perrunos? Cuando el hablante lírico mayor de mi libro se expresa, este se vuelve voz, «chthóniai theaí», de 'deidades ctónicas’, sustancialmente carnales, mas no egoicas y vengadoras.

Yo guardo las pistas de amor cuando las veo
y si con animal me comparo es con el perro
que ensalivó su roca, al pie de un tronco de árbol
o cercado de camino, y puso a tal por señal,
por si le toca el regreso
con el rabo entre las patas, pero el corazón
siempre con su regocijo.

[Los perros y yo, I, EHE]

Uno de los mensajes más importantes del libro, como una de mis tarea reflexivas iniciales para redefinir al tevolucionario / rebelde / es indicar dos ingredientes del carácter del héroe trágico. Tiene que ser humilde y leal como son los perros, pero su Amo es el ser con fe, el adorador(a), la bacante y ménade. Esos pueblos itinerantes que le siguen. En las tragedias suelen representarse como mujeres / o coros de suplicantes. Estas mujeres, bajo el liderazgo de Dioniso, están dispuestas a toda lucha y son distintas en su función a las Erinas (Furias del Orden Divino extrahumano), aunque pueden ser devoradoras como las erinias mismas.

Yo guardo las pistas de amor cuando las veo
y si con animal me comparo es con el perro
que ensalivó su roca, al pie de un tronco de árbol
o cercado de camino, y puso a tal por señal,
por si le toca el regreso
con el rabo entre las patas, pero el corazón
siempre con su regocijo.

[Los perros y yo, I, EHE]

También creó, según observé, expetación en el libro es que sus lectores mexicanos esperaran un libro «chicano» en su temática más concreta y no la reflexión dispuesta en sus cuatro partes. Para mí, no hay diferencia entre dedicar un poema a «Orestes, arquetipo del rebelde de Esquilo», que su manera universal de nombrarlo, como hago en «Uno el apelante, ¿qué puede?» o inventarme un texto con semejante dedicadtoria, pero llamarle Oreste Pérez, u Oreste el Chingón. Lo cierto es que el poema está planteado para uan denuncia:

Uno, ¿qué puede? si lo han robado.
Han quitado la justicia que creyó tener,
la certidumbre. Uno está preocupado
hasta las nachas, creyendo ser libre,
siendo esclavo, creyendo ser trascendente,
aunque lo vapulean en raseros del tiempo.

El contexto del tema del inmigrante y el mundo, si fue lo que quiso premiarse, se resumió con éste:

El mundo puede ser muy largo.
Ancho en cada latitud.
Hasta pulsado por las aguas de vecinos
(ajenos) hemisferios.
Las fronteras pueden dividirnos.
Un pinchi chingadazo hacernos ya no hermanos.
Enemigos. Pero yo aquí, carnal,
ni modo que ser un conquistado.
Treinta años llevo.

Aquí yo sembré árboles.
Coseché lechugas, piñas, cebollas, corazones.
Y una forma del nopal echó sombreros y hongos
y siemprevivas y abrazos
y lazos y canciones
y una forma del barro me hizo máscaras
y patadas pa'l fútbol y me dio porras
y plebes y petardos.

pero está llevado a no sólo la experiencia que se vive en el territorio estadounidense y con el mexicano. El poema incluído «A don Arturo» expone la experiencia migratoria del negro puertorriqueño en New York, y Arturo Alfonso Schomburg, es uno los los padres de la Historia Afroamericana. El texto «Olores de bohío» es un texto sobre la diáspora boricua, pero también se relaciona al regreso. En la Parte III, hay otros poemas de adioses y patria.

En la parte final, el tema es más intenso, si entendemos títulos y mensajes como los siguientes: «La abjuración» que trata de los exilios y similaridades entre José María Heredia («José del Alma lo llamaría José Martí»), «Cuando se diga inmigrante», «Alejandro es bravo» que tratan sobre el exilio de Alejandro Tapia, el Padre de la Identidad, tras experiencia de destierro por aceptar un desafío a duelo. En la parte final del libro se toca el tema una «Memoria de un torturado chileno», como antes se refirió las andanzas de un sevillano que arriba a América, Mateo Rosas de Oquendo (1559-1612), en el poema «Mateo el Aventurero».

La diversidad de procedencias, geografías y motivos migratorios de los hablantes, que utilizo fundan una universalidad necesaria para comprender este personaje arquetípico, el Dioniso humano que quiero presentar a los lectores y, en segundo lugar, la noción explicativa del por qué la divinidad de sus reclamos, de su rebelión. La primera opinión crítica sobre el libro, escrita por David Péez, me sorprendió cuando halló sorpresivo el lenguaje, cuando a mi juicio no lo sería, salvo uno uno que otro de los textos: (López Dzur) «plasma un lenguaje propio del chicano, del mexicoamericano y de individuos fronterizados» «López Dzur es el tipo de escritores que no ven prejuicio alguno en escribir el lenguaje de una clase tradicionalmente marginada y, en alguna época, muy combatida». Sin embargo, Paez acierta al indicar sobre la identidad étnica que comunidad que mejor uso hace del lenguaje 'caló', o Spanglish fronterizo:
«Los abuelos y padres de los chicanos jóvenes fueron creando, con el tiempo, su propia identidad. Una identidad que incluiría vestimenta, costumbre y lenguaje. El caló chicano sería algo natural, ignorado y despreciado, por otros grupos raciales, incluyendo el mexicoamericano que se asimilaría completamente, tras varias generaciones. El personaje que cuenta la historia de El hombre extendido, por no querer ser conquistado, se aferra al lenguaje modificado, a veces desfigurado por el barbarismo y los neologismo, que permea este libro. La necesidad de una identificación peculiar hizo al chicano distinto de otros grupos, aún los de su propia clase social y racial. El chicano aún busca identidad y, aún teniendo profesión y estatus, no abandona el lenguaje que usó de niño o cuando joven: lenguaje de ghetto y de frontera. [...]

En algún momento de la historia de los Estados Unidos, hay que recordar que los chicanos fueron tan perseguidos como los negros. Los rancios yankees de regiones como la de Texas, a pesar de haber despojado a México de la tierra que pisaban, no han podido olvidar la manera tan hostil cómo les trató el gobierno mexicano, o las rancherías armadas de Pancho Villa y, por ello siempre se han mostrado racistas. A pesar de la pérdida de territorios tan ricos como el de California los Ku Klux Klan no dejan de perseguir a los morenitos donde quieran que se topen con ellos».
[3]
Ahora que esta edición virtual pone de manifiesta el índice de textos y el contenido total del libro imagino que serán obvias otras cosas que escaparon por causa de las ediciones parciales de este libro. Las sintetizaría diciendo que El hombre extendido, es filosóficamente una reflexión sobre el tránsito del sentimiento trágico al jubiloso y del pensamiento extrahumano a la ética pragmática del hombre rebelde / prometeico o dionisíaco. El poemario EHE es, además, una meditación teórico-poética sobre nociones de la justicia natural, arcaica, extrahumanamente teologizada y la justicia nueva, el destino y la fe, el kairós y el condicionamiento histórico.

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NOTAS:

[1] Mi primer libro pasó por fuego una vez fue impreso por la Imprenta Ramallo y se tituló Hazel / Compañera publicado en la década de 1970. Salvé mucho de sus textos, pero, ante un volumen, al que sus impresres, no hicieron las revisiones de erratas solicitadas, lo quemé. Eran sólo 260 ejemplares. Antes de resentar al Concurso Chicano de UCI mi libro El hombre extendido, había comenzado los poemarios Las zonas del carácter, La casa, Cuaderno de amor a Haití, Lope de Aguirre y los paraísos soñados y otros.

[2] En la mitología griega, las Erinias / Erinúes, de «erínein», ‘perseguir’, personificaciones femeninas de la venganza, quienes perseguían a los culpables de ciertos crímenes. También se les llamaba Euménides, ‘benévolas’, antífrasis usada para evitar su ira cuando se pronunciaba su verdadero nombre. «Este nombre se habría utilizado por primera vez tras la absolución de Orestes por el Areópago. En Atenas se usaba también eufemísticamente la perífrasis «semnai theai», ‘venerables diosas’, «chthóniai theaí, ‘diosas ctónicas’, y Praxídiceas ‘ejecutoras de las leyes’.

[3] David Paez: Reseña; Revista Opine en internet, Astrolabio Net, en semanario, Miniondas, Santa Ana, California, 20 de enero de 1987, Sección Editorial, ps. 4A y 5A.
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