Friday, November 7, 2008

El anexionismo se entroniza


Por Arturo Cardona Mattei / poeta y escritor puertorriqueño

Luis Muñoz Marín, creador del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, es el político mís audaz que ha tenido nuestro pueblo. Tuvo grandes aciertos, pero también cargó con errores que al día de hoy siguen mortificando nuestra vida política, social y económica. En el libro Los secretos del patriarca, Muñoz Marín descarga su conciencia. Es allí donde depositó esos secretos donde confiesa unos errores que la historia no ha podido borrar. Una de las causas de que el anexionismo se haya arraigado tan profundo en nuestro pueblo la encontramos en esas palabras dolorosas. La barrida electoral que vivimos este pasado 4 de noviembre de 2008, tiene su génesis en ese catálogo de errores.

Nos dice Luis Muñoz Marín lo siguiente: “haber dependido demasiado de fondos federales, que debieron haber sido invertidos en vez de gastados”. Desde aquellos albores el camino ha sido largo y la historia nos aplasta con una crueldad que ha mutilado nuestro estilo de vida, y ha corrompido el tejido moral de nuestra sociedad. Las masivas ayudas federales han quitado mucha hambre, pero también han matado mucho el cerebro. Esas mismas ayudas son responsables del alto desempleo que ha vivido Puerto Rico por muchas décadas. Y el gobierno norteamericano ha montado un fabuloso negocio donde depositar sus excedentes de alimentos. Algo que ayuda enormemente a que los precios de esos alimentos se mantengan rentables.

Ese pecado político de Luis Muñoz Marín tuvo un gran peso en el resultado de las elecciones de este pasado 4 de noviembre de 2008. Esa dependencia tan excesiva sigue orbitando en la cabeza de los puertorriqueños a la hora de ir a votar. Nuestro desempleo actual ronda por un 12%, según cifras oficiales. Pero otros indicadores parecen ponerlo aún más alto. Esa enfermedad tiene el factor negativo de que se ha ido heredando de generación en generación. Al día de hoy esa mancha cubre un 50% de nuestra población. Cuando un político anexionista se trepa a la tribuna y habla de que va a Washington a conseguir más ayudas federales, son muchos los miles de estómagos que brincan de alegría. Pero ese anexionista no esta solo, pues los políticos del autonomismo cargan la misma agenda. A ese tsunami alimenticio se tiene que enfrentar el Partido Independentista Puertorriqueño. Y nuestro pueblo, una vez más, ha decido llenar su panza y quemar sus neuronas. Fue el propio Muñoz Marín quien se ideó aquello de “vergüenza contra dinero”, pero hoy aquel llamado de conciencia se ha transformado en uno de comida contra ideales.

El triunfo del anexionismo en estas pasadas elecciones ha sido uno que no tiene paralelo en la historia de Puerto Rico. La geografía puertorriqueña fue pintada de un azul muy pesado. El pueblo se entregó al anexionismo con una pasión enfermiza El propio Partido Popular Democrático se fue cavando su propia fosa. Varios fueron los golpes autoinfligidos. Por ejemplo: las abusivas alzas en el costo de la vida –agua, luz, peajes y alimentos-. El pueblo indignado salió a dar un voto de castigo, y lo consiguió. Otro factor fue el permitir que el gobernador corriera para un segundo término con 24 cargos criminales en su contra, en la Corte Federal. Esta imprudencia va a traer grandes malestares dentro de esa colectividad política. Ahora se comenzará un largo y doloroso proceso para auscultar las razones de tan pesada derrota. Se comerán por los rabos y habrá muchos fuegos artificiales. Discursos rudos y lágrimas livianas saldrán a relucir durante ese maratónico debate interno.

Y para hacer la situación aún más dolorosa para el pueblo puertorriqueño, por un tecnicismo de ley vamos a sumar nueve legisladores más. Eso nos va a costar otro puñado de millones de dólares. Sueldos, dietas y otras amenidades tendrán que ser añadidas a esos arrimados incumbentes. Más miembros en la Legislatura se traducirá en más intrigas internas y en más desasosiego para el pueblo. Esto es toda una ironía, pues por varios años en este cuatrienio el pueblo ha estado pensando cómo cortar cabezas y grasa dentro de ese recinto político. La nuestra es la Legislatura más cara dentro de todo el ámbito político de los Estados Unidos. Somos un país pobre donde pensamos y actuamos como si tuvieramos pozos de petróleo. Qué suerte que no es así, pues nuestra corrupción gubernamental y privada estaría orbitando por los anillos del planeta Saturno.

No bien hemos terminado el proceso eleccionario, y ya vuelan los rumores que el año entrante el funcionamiento del gobierno se verá paralizado, pues las arcas están vacías. Estamos en una recesión económica acompañada por una parálisis emocional. Nos encontramos al borde del precipicio. Y no tenemos paracaídas.

Caguas, Puerto Rico

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Dossier de Carlos López Dzur / Cuaderno de amor a Haití / Codornos y coscuros / La Naranja

Thursday, November 6, 2008

Comentario a 'Los Cambios'

Por Dilia Calderas / Poeta venezolana

Carlos, resulta interesantísimo el tema expresado en tu poema
Los cambios. Tema difícil, amigo, y ¿por qué difícil? Bueno, fíjate en la experiencia de Venezuela. Para lograr cambios efectivos, cambios en los que se incluya al pueblo hay que darles participación, porque sólo con el apoyo de las grandes mayorías, debidamente involucradas se pueden lograr los cambios.

Pero qué sucede cuando un país comienza a enrumbar esos cambios; inmediatamente los grupos económicos privilegiados accionan sus medios para impedirlos. Estos grupos económicos no permiten que se de beneficios al pueblo; no permiten que las grandes mayorías pobres participen con la debida inclusión, a fin de erradicar la miseria. Inmediatamente accionan sus medios de comunicación, los que por ser privados dependen de esos grupos hegemónicos.

Para lograr los cambios en Venezuela, nuestro gobierno ha tenido que soportar infinidad de embestidas de todos esos grupos; los medios se han comportado de la manera más baja, sin ética, tergiversándolo todo, no mostrando las obras del gobierno; los diversos grupos poderosos se han confabulado contra el gobierno; marchas con velas, vestidos de luto, ataques mercenarios a campesinos en un número aproximado a los 100, pagados por terratenientes, golpe de estado, paro petrolero, asesinato en Puente Llaguno con francotiradores a las personas que apoyaron al gobierno durante el golpe de estado que propinaron el 11 de abril; y así, sucesivamente, han ocurrido persecusiones en el transcurso de estos diez años.

Por ello te digo, Carlos, que si hay algo difícil es aplicar cambios en una Nación. Fijate en la experiencia de los países de Latinoamérica: presidentes derrocados como Allende, asesinados en su propio palacio o si no secuestrados y presos como Noriega en Panamá o enviados al África como el Presidente Aristide de Haití; otros asesinados en aviones, etc, etc, etc.

Por ello, apenas logro imaginar como será tratar de aplicar cambios en Estados Unidos, en el país más privatizado del mundo. No va ser nada fácil para el Presidente Obama tratar de aplicar cambios en ese país; no va a ser fácil tratar de incluir al pueblo y tratar de hacer retroceder ese espíritu de guerra de los grupos dominantes amigo.

Con estas palabras tan sencillas te lo digo pues bien sabes que no soy profesional, apenas una simple bachiller que observa. Quiero resaltar el segundo párrafo de tu instructivo verso, para luego hacerte la referencia:

Los pueblos se entretienen en el camino,
se cansan, se aburren, desesperan
y cualquier cosa detiene, desalienta y
derrota.
Ver completo

¿Por qué los pueblos se entretienen en el camino?, precisamente porque los grupos hegemónicos disponen de los medios de comunicación para hacerlo, lanzan mensajes subliminales, mensajes de temor y con ello los pueblos se detienen; finalmente los cambios no se dan y todo sigue igual, favoreciendo a las clases que más tienen y el pueblo muriendo en la miseria.

En fin, déjame decirte que pocas personas del mundo envidian la carga de trabajo tremenda que tendrá el Presidente Obama, por eso rogamos que Dios lo ampare, que el pueblo lo proteja si efectivamente en su espíritu está la idea de ayudar a su pueblo y al mundo en general poniendo fin a la guerra.

Los medios de comunicación actuales en Estados Unidos, han apoyado al gobierno saliente dada su influencia sobre ellos; pero no olvides que al enfrentarlos puede cambiarse totalmente la tortilla y comenzar a alienar a la población contra el presidente como ha ocurrido en Venezuela. Enfrentarlos equivale a querer realizar cambios para dar beneficios al pueblo y estos medios dependen de grupos hegemónicos, el gobierno debe ser fuerte, tanto en el Congreso como en un sistema judicial justo y firme amigo, y en un pueblo constantemente apoyando a su presidente, es la única manera de conseguirlo.

Excelente verso, amigo Carlos.

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Ojalá por Barack Obama



Por Eduardo Galeano / Historiador e investigador

¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras, proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral?

Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.

Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?

Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza. ¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?

La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad. ¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?

Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.

¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo? Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.

¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte? Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.

¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?

Me temo que sí, pero ojalá que no.

¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta?

¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?

Me temo que no, pero ojalá que sí.

¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice? Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.

Fuente: Grupo Literario Obelisco

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Wednesday, November 5, 2008

El triunfo histórico de Obama


Por Carlos Rivera Lugo / Educador puertorriqueño

El giro a la izquierda que ha caracterizado al nuevo siglo en la América nuestra parece haberse asomado también, de un modo particular, en esa otra América, la del norte. De la misma manera en que Venezuela eligió presidente a un bolivariano hijo del pueblo, Brasil a un obrero metalúrgico, Bolivia a un indígena, Ecuador a un economista forajido, Paraguay a un obispo, Nicaragua a un Sandinista y Chile a una ex presa política, Estados Unidos ha elegido al afronorteamericano Barack Hussein Obama como su 44 presidente con el 53 por ciento del voto popular y 349 votos electorales, 79 más del mínimo necesario. Cosechó el 96 por ciento del voto afronorteamericano y el 68 por ciento del voto hispano, así como el 66 por ciento del voto joven. Su barrida electoral también contribuyó a la configuración de un nuevo balance de poder en el Congreso, con una mayoría de 56 senadores y 252 representantes, lo que facilita la gobernabilidad para Obama.

El anuncio por los medios de comunicación estadounidenses fue recibido con un júbilo exuberante en el Parque Grant de Chicago donde esperaban cientos de miles de seguidores de Obama para festejar lo que ya muy pocos dudaban sería un triunfo electoral histórico que presumiblemente constituiría un nuevo referente político de centro-izquierda en ese país. Ese mismo lugar, en 1968, fue escenario de una batalla campal entre las fuerzas opositoras al orden establecido y la policía con motivo de la celebración de la convención de un impugnado Partido Demócrata, que en ese momento anidaba crecientemente a la derecha del centro. También en 1968 cayó abatido a tiros por un racista blanco el histórico líder afronorteamericano Martín Luther King por atreverse a reclamar la igualdad de derechos para todos con independencia del color de la piel.

Entre el público presente en el Parque Grant estaba uno de los testigos de esos criminales hechos, el reverendo Jesse Jackson, quien recibió el anuncio de la victoria de Obama con lágrimas. Por fin llegaban a la tierra prometida, tal y como lo sentenció el reverendo King poco antes de morir. Luego de la larga noche neoliberal y la restauración del poder salvaje de la clase capitalista, parecía asomar nuevamente la esperanza en los rostros de los que desde el Parque Grant hasta las calles de Kenya daban testimonio de sentirse viviendo un verdadero cambio de época y no un cambio cualquiera. En un mundo en que, según el filósofo político italiano Antonio Negri, la ciudadanía asume ribetes globales, Obama es el primer presidente genuinamente global, opinaba un joven desde Tailandia. Obama constituye una figura transformacional en un mundo en que se va refundando el sentido de lo político como hasta ahora se ha conocido.

Conciente del enorme reto que tiene por delante, Obama reivindicó el poder de la democracia en su mensaje a los congregados en el Parque Grant. Advirtió que su victoria no es el cambio por el que han luchado sino que es tan sólo la oportunidad para emprender el cambio. Asumiendo humildemente el mandato recibido, aclaró que en ese sentido la victoria le pertenece al pueblo y que sólo como pueblo unido va a poder asumir con éxito los retos por delante. Repetía así un tema que ya había abordado con anterioridad en su campaña: para que el cambio llegue a Wáshington y a todos los rincones del país, lo tendrá que seguir potenciando el amplio y vital movimiento político, de tendencia centro-izquierda, que se organizó en torno a él.

«Ustedes tienen que crear un viento político suficientemente fuerte para hacer volar la oposición al cambio y empujar a sus líderes electos a la izquierda», había dicho. En ese sentido, el movimiento no puede ahora desmovilizarse y limitarse a ser representado por su gobierno: tiene que también, y sobre todo, representarse a sí mismo. Sólo en ello radica la posibilidad de hacer el cambio prometido. Sólo así se constituye el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo que constituye la esencia misma de la democracia verdadera. En fin, la historia nos enseña que los grandes avances de la humanidad siempre han sido el resultado de las luchas populares, la fuente determinante del poder constituyente de lo nuevo, y no de concesiones desde arriba.

Ante la debacle económica y social dejada por George W. Bush, al movimiento que impulsó exitosamente la candidatura de Obama le anima mayoritariamente el deseo de un cambio profundo. Para ello tendrá que revertir los perversos designios de un modelo económico, el neoliberal, que ha dejado al país prácticamente al borde de la quiebra financiera y que, dentro de sus más recientes aleteos, pretende que el pueblo siga pagando el oneroso costo social por su mantenimiento.

Precisamente, si hubo algo que distinguió a Obama en su campaña fue su insistencia de reencaminar al país hacia una agenda pública centrada en la promoción del bien común y no en el bien de unos pocos. Para ello habrá que pasar del actual modelo de acumulación por desposesión de los más a un modelo de acumulación que distribuya más equitativamente la riqueza entre todos. Ello le costó el epíteto de socialista por parte de sus adversarios quienes, más allá de los preciosismos teóricos, intuyeron el trasfondo profundamente progresista que en potencia representa los objetivos programáticos de Obama.

Cada día que pasa da testimonio del hecho de que vivimos en una era profundamente revolucionaria, aunque sus contornos específicos eludan nuestros esquemas ideológicos previos, así como esa pretensión majadera de definir a priori el sentido de todo proceso histórico, olvidándonos que por su propia naturaleza dicho proceso es abierto y está en permanente devenir. Es “el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual”, del que nos hablaron Marx y Engels. Ese mismo movimiento real se nos ha expresado con toda una rica diversidad en la América nuestra durante este nuevo siglo, desde Chávez a Lula, Evo Morales y Rafael Correa, cada cual desde su particular trinchera y enfoque contribuyendo a forjar otro porvenir para los pueblos nuestros. Si Obama, a partir de sus virtudes y a pesar de sus defectos o contradicciones, estará a la altura de la potencialidad y los retos de ese movimiento real en que le corresponde actuar, sólo lo dirá el tiempo.

En ese sentido, al igual que el mandatario venezolano Hugo Chávez Frías, yo me conformo con aquilatar la diferencia refrescante que de hecho representa Obama frente a lo existente. «No le pedimos que sea revolucionario, no le pedimos que sea socialista, sólo que se coloque... a la altura de la historia», puntualizó sabiamente el líder bolivariano.

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El presidente Obama





Por Marco A. Gandásegui, hijo / Profesor de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA

Panamá: El triunfo electoral de Barack Obama, en la contienda presidencial de EEUU, tiene un significado muy importante para los diferentes sectores sociales que conforman el pueblo norteamericano, la elite dominante de ese país y para el mundo entero. Destacaría tres significados: En primer lugar, a partir de enero de 2009, la política exterior de Obama, sin cambiar los objetivos estratégicos de EEUU, descartará las iniciativas de los halcones militaristas e irresponsables del actual presidente Bush. En segundo lugar, el gobierno en Washington desarrollará un plan que garantice la recuperación de su economía, echando a los neoliberales mediocres de los pasillos del poder. Tanto lo primero como lo segundo tendrá un impacto significativo sobre los movimientos sociales de América latina. Los neoliberales, en toda la región, aliados ideológicos de Bush, tendrán que reexaminar sus posiciones.

Obama encontrará un continente dispuesto a negociar acuerdos económicos, siempre y cuando se respeten un conjunto de condiciones políticas que Bush (2001-2009) ignoró y Clinton (1993-2001) trató de pasar por alto. Entre las condiciones políticas se destaca el final del bloqueo de Cuba, el respeto de las instituciones democráticas (Venezuela, Bolivia y Ecuador) y la erradicación de la política militarista (Plan Colombia, Plan Mérida, IV Flota).

En tercer lugar, la Presidencia de Obama tendrá un impacto cultural que implicará enormes transformaciones en EEUU. El sólo hecho que llegue a la Casa Blanca un afro-norteamericano cuestiona la hegemonía del tipo ideal anglo-sajón (incluyendo la variante escocesa y holandesa) que proyecta una imagen fuerte en la tradición política norteamericana. La larga lista de Adams, Lincoln, Roosevelt, interrumpida por el católico-irlandés Kennedy, ahora es retada por el africano Obama.

La fractura es impresionante. En EEUU los católicos eran percibidos como viciosos, lujuriosos e idólatras. Igualmente, el mainstream anglo-sajón percibe lo africano como salvaje, traicionero y sometido (esclavo). Las percepciones han cambiado en el siglo XXI. El presidente de EEUU ahora se traslada al aeropuerto a recibir al Papa romano (cosa que no hace para ningún otro líder). ¿Qué efectos tendrá el legado de Obama sobre las percepciones del pueblo de EE.UU. con relación a Africa y los 40 millones de afro-americanos?

Hoy los negros en EE.UU. son una minoría, es decir, diferentes e inferiores. ¿Se incorporarán al “mainstream” en el próximo futuro como lo hicieron hace pocas generaciones los irlandeses católicos, los ucranianos ortodoxos o los escandinavos luteranos?

Hay que recordar que en EE.UU. hay más de 40 millones de latinoamericanos y descendientes de latinoamericanos. Constituyen una minoría similar a los afro-norteamericanos. Son considerados diferentes e inferiores. Obviamente, esta concepción de “minoría” es una construcción muy hábilmente elaborada. Convence a negros y a latinoamericanos en EE.UU. que en realidad son diferentes e inferiores. Es la política del apartheid llevada a su nivel de máxima efectividad: Convierte a la l víctima en culpable por la sencilla razón de ser.

La Casa Blanca ha pasado por muchos altos y bajos en la historia de EEUU. Sin embargo, no cabe duda de que desde Franklin D. Roosevelt despachaba desde la Oficina Ovalada, es la oficina de mayor prestigio en ese país. Además, el presidente de EEUU ha adquirido, en la actualidad, poderes jamás soñados por los fundadores de la República norteamericana. Está en sus manos hacer la guerra contra enemigos que construye hábilmente manipulando los medios de comunicación. También ejecuta programas sociales diseñados para cooptar a millones de trabajadores y pequeños empresarios. El Presidente tiene poderes extraordinarios para orientar la economía, garantizando ganancias a los grandes empresarios norteamericanos y, de igual manera, del mundo entero.

Ese poder estará en manos de un afro-norteamericano a partir de enero de 2009. Todos los sectores sociales de EE.UU. y los habitantes del planeta estarán observando en forma cotidiana la figura de este político relativamente joven, carismático y audaz quien tomará las decisiones a nombre de la elite más poderosa del mundo. ¿Cambiará la imagen de los afro-norteamericanos en EE.UU., construida por siglos de esclavitud, represión e injusticias?

Hay que analizar también el impacto que tendrá Obama sobre la política unilateral que introdujo Bush con sus guerras y sus políticas neoliberales extremas. El presidente electo dice que representa el cambio. Pronto sabremos si el discurso sobre el cambio tiene contenido o si se esfumará cuando ocupe la Casa Blanca.

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Tomado de
ALAINET


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El discurso de la victoria





[Texto completo del discurso del próximo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pronunciado ante más de 100.000 personas en un parque de Chicago, el 04-11-2008].

Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.

Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.

Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.

Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.

Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.

Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.

Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.

El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.

Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.

Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.

Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.

Sasha y Malia, les quiero a las dos más de lo que podéis imagina. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca. Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable

A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.

A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino. Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.

Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.

Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares

Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.

Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.

Esta es vuestra victoria.

Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí. Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas: dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo.

Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.

Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.

Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.

El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.

Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.

Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.

Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.

Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal. Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.

Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.

Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.

En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.

Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.

Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.

Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.

Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.

Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.

A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.

Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.

Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.

Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos.

En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes.

Sí podemos

Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada.

Sí podemos.

Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos".

Sí podemos.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.

Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.

Sí podemos.

Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?

Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento. Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza.

Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.

Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

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Traducción al español suministrada por la agencia noticiosa EFE.


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Tuesday, November 4, 2008

«Change has come» / El cambio ha llegado




Por CARLOS LOPEZ DZUR

La victoria del Partido Demócrata y su candidato presidencial Barack Obama señala efectivamente que el electorado de los Estados Unidos de América creyó en la urgencia y necesidad del cambio. Y se trabajó, desde las filas demócratas, por la urgencia del mismo. Obama lo enunció: «Es la Hora del Cambio». Yes We Can / Sí Se Puede: el lema de arrancada. Un cambio que es algo más que el relevo de partido y la elección del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y el primer ejecutivo de la Casa Blanca.

La victoria del 'Cambio Que Ha Llegado a América' fue económicamente costosa. Es el precio del proceso electoral en una democracia capitalista burguesa bajo las actuales reglas. Barack Obama recaudó unos $600 millones de los bolsillos de los estadounidenses; se aduce que es menos de $77 aportados por cada donador a su campaña. Más bien, su equipo en los comités de finanzas fue tras cada hombre, mujer y joven, el ciudadano común, a pedir lo que puedar dar, siempre en el marco de la ley. Y el entusiasmo por donar a su campaña fue sin precedentes. La gente de Obama superó toda expectativa; Hillary Clinton se habrá quedado con la boca abierta. Los recaudadores del GOP se han referido a la lluvia de oro a los cuarteles de Obama, tanto con asombro como con envidia... y la razón... el país, no ya sólo el misterioso voto indeciso, estuvo sediento, por primera vez en largo tiempo, de una imagen de cambio y un plan de acción que desafiara la mediocridad vigente. Obama dio la talla. La nación lo instuía...

Obama no necesitaría los donativos y jugosas tajadas del chantaje o la simonías provenientes de los intereses especiales. Un pueblo unido, cuando convoca los sectores apropiados, obsequia más que las corporaciones. He leído muchas veces: «Obama hasn’t gotten special interest money». El sólo dijo, con una humildad y seriedad que el pueblo creyó: Help us win!» En esta competencia, los republicanos, voceros típicos del gobierno de las corporocracias, dieron hasta la señal de su incapacidad e inhábil liderazgo con la estrategia de sus campañas, frívolas e insustanciales, personalistas y viles. El triste dueto McCain-Palin, ni en recaudar dinero dieron lecciones. ¡Y eso que se pintaron como par de sabios y expertos económicos! En toda cosa, frente a Obama, se pintaron como sabihondos ejemplares y fracasaron.

De hecho, en Norteamérica imperan todavía las visiones fragmentarias y conservadoras, discursos ideológicos que manipulan los significados de la libertad, la participación y el valor de decir lo que se siente y se aspira. En el país, la palabra LIBERAL se hace pasar y funcionar como insulto. Que seas llamado liberal estigmatiza y descalifica. Es la palabra acusadora utilizada por los metemiedos profesionales, demagogos y gente antidemocrática. Con la palabra, tiemblan demócratas y republicanos, por igual. Este año, el elector hispano, casi siempre centrista, dejó de temblar y al demonio se lo describieron negro e islámico. El no lo creyó. No quiso quedarse en su casa ni pasar inadvertido. Se fío en su mejor instinto, se identificó con alguien cercano a su alma y votó por Barack Obama, aunque los demócratas, como partido, ofrecieron para él y su comunidad muy poco o cuasi nada. Sólo que los republicanos, como partido, son tradicionalmente más hoscos, prepotentes y miserables. Al Partido Republicano le abundan en sus filas los Pete Wilson, los Bob Dornan, los Pat Buchanan y otros

mbio que vence este 4 de noviembre le dice al ultraconservador de este tipo, al que acusa: «Cállate, ahórrate el insulto. Díme Liberal. Ya se acabó el miedo». Le dice al que no quiso oírlo, con la voz del más joven candidato (Obama) y para los oídos del más anciano (McCain): «Vivimos la crisis más grande de nuestro tiempo: dos guerras, un planeta en peligro y la peor crisis fnanciera del siglo». Le dice que es la hora de la honestidad y que hay que enfrentar los retos: «There are many who won't agree with every decision or policy I make as president, and we know that government can't solve every problem. But I will always be honest with you about the challenges we face».

El cambio ha llegado; pero, si bien será para todos, quien lo hizo posible tuvo que encarar desafíos. Perder el miedo y trabajar por la unidad. Al elector hispánico le correspondió aliarse a los afroamericanos; algo que se dijo que sería imposible e indeseado. Las minorías divididas y divisibles son más débiles cuando no se buscan ni se examinan unas a otras, aprendiendo a negociar entre ellas y a sumar sus fuerzas por objetivos comunes. Los estrategas de división y opresión no desean que el inmigrante, ciudadano de recién arribo, haga un bloque de unidad con otras minorías. El que divide es quien vence para favorecer la agenda de su ventajería. El elector anglocaucásico, enemigo de la amnistía migratoria, prefirió votar por McCain. El no votó por el cambio. Lo obstruyó, pero no tuvo suerte. Esta vez perdieron gobernaturas y, al menos, mayorías en el Congreso y el Senado. Esta fue una paliza, senda tunda al GOP y una advertencia a McCain y la mata-osos de Sara: ¡Par de muermos!

El cambio lo produjo quien buscó la coherencia y la honestidad en medio de una campaña electoral sucia. Ha sido así. Y, pese a ésto, el anglocaucásico que no teme a la acusación que estigmatiza al liberal, ni teme a la mentira de que Obama es un islámico-comunistoide, enemigo de los Tratados de Libre Comercio con América Latina (e.g., Colombia, México, etc.), es el que ha vencido. Ha vencido la fe del afroamericano, ha vencido la mujer pacifista (que desea que sus hijos regresen de Irak) y el hispánico, que votó en números sin precedentes por la fórmula demócrata.

En términos de sus partidos, la vocación centrista del gringo, su humanismo vulnerable, en fin, la fe del país en la organización que da la democracia representativa, permite que nuestros liderazgos políticos se combatan desde sus fuerzas contrapuestas. Al gobierno de las derechas oligárquicas, aliadas con el dominio globalista del mundo y el miltarismo, se le asigna un papel policíaco de los EE.UU. en el mundo. Jamás fue tan mal manejado ese rol como fue con la Administración Bush. El costo económico, en vidas humanas y en prestigio, originó el desaliento y catalizó la urgencia del cambio. Mujeres, afroamericanos e hispanos, se unieron para que haya un cambio. Ese cambio incluye el fin de la Guerra de Irak y una nueva estrategia de paz para tratar las relaciones de los EE.UU. con Oriente Medio.

El liderazgo de Barack Obama ha inspirado la esperanza. El péndulo regresa hacia el centro del que se nos alejara. Mayoritariamente, esta vez el electorado creyó que Barack Obama, abogado afroamericano, ridiculizado por McCain y su equipo de asesores como socialista, «el senador más liberal en el Congreso», dizque ciudadano vinculado al extremismo o al terrorismo, «musulmán siquitrallado», presunto creyente del Islam, «inexperto, sin experiencia» para ser presidente, es la esperanza. Es el cambio. La gente lo creyó y puso oídos sordos al que malhablara acerca de Obama.

El Partido Republicano no lo es. En parte, porque McCain proyecta la imagen de un hombre viejo y resentido. Ha requerido de la treta publicitaria de buscarse a una «Cheerleader» de Alaska. el fondillo nevado del mundo, que no sabe lo que quiere ni lo que dice. Palin con sus actos desmiente la credibilidad de su expediente. McCain es, por otro lado, la continuidad del mal que en la Casa Blanca se encarnó con George W. Bush, Jr. y sus adláteres por 8 años. El derrotado Senador es y fue el símbolo del bushismo que ya sumó dos cuatrenios.

En campaña, por cara dura y cobardía, McCain se sostuvo mintiendo, sobajando a Obama, ensalzando su récord militar como héroe-prisionero en Vietnam y su servicio en el Senado. Fingió una distancia crítica a las políticas de fracaso económico y de ego militarista de la Administración Cheney-Bush; pero, en Phoenix, Arizona, en su discurso de concesión de victoria para Obama, tuvo que quebrantar su orgullo y decirlo: «El fracaso es mío». A su lado, la supuesta «bala mágica», la esperanza de McCain para compensar su imagen decadente y cómplice, Sara Palin, tuvo que callar y bajar finalmente avergonzada. Con el rabo, entre las piernas. La historia les hizo perdedores ante la nación la misma noche en que, ante la trascendencia de un hito histórico, el reverendo Jess Jackson, lloraba de emoción en medio de la mulitud que esperaba las palabras de Barack Obama, el primer Presidente de la Raza Negra de los Estados Unidos. El que hizo realidad el Sueño del Mártir Rvdo. Martin Luther King, Jr.

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