Friday, January 3, 2014

Las convicciones de Erich Fromm

Las convicciones de Erich Fromm

 Jesús María Dapena Botero 

Capítulo 9 - Budismo Zen

Fue en el año 1926 cuando Fromm conoció el budismo, a partir de ese momento se preocupó por profundizar su conocimiento del tema a tal punto llegó su interés que invitó a brindar un seminario en México al Dr. Daisetz T. Suzuki, una de las personas que más hicieron por difundir el budismo en occidente, producto de esas conferencias surgió el libro escrito por ambos: “Budismo zen y psicoanálisis”. (1)
El budismo tuvo por un lado una influencia en su vida cotidiana ya que se interesó vivamente por temas como la meditación que practicó a diario, pero también se sintió atraído por esa posibilidad de que existiera una religión sin el concepto de Dios. Llegó al budismo apenas poco tiempo después de comenzar a estudiar la teoría psicoanalítica, ambas experiencias lo fueron alejando de la práctica religiosa activa.
Fromm entendía que la finalidad del budismo Zen no tenía muchas diferencias con el objetivo que se proponía el psicoanálisis, ambos alentaban la superación de la codicia y además, los consideraba como una forma de dar una respuesta productiva para enfrentar el sentimiento de aislamiento y soledad que sufren muchos individuos en las sociedades modernas. (2)
Según Fromm las religiones deberían acentuar el interés en la correcta forma de vivir más que en las cuestiones formales o rituales, sostenía que sólo se puede llegar al conocimiento de Dios mediante la acción correcta. Con eso quería significar que lo sustancial son los actos de las personas y por ellos deberían ser juzgados y no por creer o no en determinada doctrina. Las religiones orientales reafirman ese concepto ya sea el brahamismo, el taoísmo o el budismo no se fundamentan en la correcta creencia sino en la acción correcta. Esta concepción donde lo importante es el acto, desemboca en una mayor tolerancia que se encuentra presente en el desarrollo religioso indio y chino. (3)
Su primer acercamiento al budismo lo realizó a través de los libros de Georg Grimm (1968- 1945)  y lo vivió como una especie de revelación ya que se podía acercar a un sistema religioso que se basaba en la más pura racionalidad, durante los años 40 y 50 se orientó por las enseñanzas del Dr. Suzuki  y más adelante en los años 60 y 70 se sintió atraído por la mística budista enseñada por Nyanaponika Mahathura.(4)
En agosto de 1957 se realizó el seminario donde participó Daisetz T. Suzuki a quién había conocido en la década del 40 en la Universidad de Columbia, Nueva York, Suzuki tenía 86 años cuando Fromm lo invitó a su casa en Cuernavaca donde se llevaron  a cabo esas jornadas que ahondaron en las diferencias y similitudes entre el budismo zen y el psicoanálisis. (5)
Diariamente entre las 10 y las 11 de la mañana Fromm efectuaba ejercicios de respiración, de movimientos y concentración que había aprendido de Nyanaponika Mahathura, un monje budista de Sri Lanka que había nacido en Alemania, también dedicaba un momento del día a realizar un autoanálisis a partir de sus sueños, estas dos costumbres formaron parte de su vida cotidiana principalmente durante su vejez. (6)
Fromm  consideraba al budismo como el mejor ejemplo de religión humanista, Buda era el gran maestro, el iluminado que conoce  la verdad de la existencia humana, pero  no habla en nombre de un poder sobrenatural sino que se basa en la razón. Les pide a los hombres que utilicen sus facultades que le otorga la razón y que encuentren esa verdad que fue Buda el primero en hallarla. Una vez que se da el primer paso en la búsqueda de la verdad es necesario realizar el esfuerzo para vivir de tal manera que pueda desarrollar todo su potencial de razonamiento y de amor por todas las criaturas humanas. Este concepto que en su expresión más elevada habla de iluminación es un estado del espíritu en el que el individuo se encuentra totalmente despierto donde alcanza un estado de desarrollo de todas las potencialidades que posee el hombre. (7)
Suzuki consideraba al budismo zen conformado por doctrinas cuya significación sólo los iniciados con una prolongada instrucción podían entender plenamente, es decir que se basaba particularmente en la experiencia, esto no era porque hubiese una intencionalidad para mantener en la oscuridad sus verdades sino porque el lenguaje humano no era el adecuado para transmitir las verdades del Zen. El misticismo no es su objetivo central, si se logra penetrar la superestructura conceptual, el misticismo desaparecerá y se llegará a la iluminación o Satori. El budismo Zen insiste con vigor en la experiencia espiritual interior, se diferencia de otras formas de misticismo, por ejemplo los cristianos lo realizan por medio de la plegaria o la mortificación y dejan librada su realización a la gracia divina, en cambio, el budismo no reconoce una intervención sobrenatural sino que consiste en un método sistemático.
Como el misticismo desafía al análisis de la lógica resulta de difícil entendimiento en occidente, la mente oriental nos informa Suzuki es vaga e indefinida, no se preocupa tanto por la particularidades sino que prefiere captar intuitivamente la totalidad. Por eso se podría decir que el Zen es provocativamente evasivo. (8)
Continuando con Suzuki nos aclara que en el Zen no hay libros sagrados, ni definiciones dogmáticas, ni fórmulas simbólicas mediantes las cuales acceder a su significación. El Zen no tiene un Dios para adorar, ni ceremonias rituales para observar.(9)
“La idea básica del Zen es entrar en contacto con el accionar interior de nuestro ser, y efectuar esto del modo más directo posible, sin recurrir a nada externo ni superimpuesto.  Por lo tanto, el Zen rechaza cuanto se parezca a una autoridad externa. Se deposita fe absoluta en el propio ser interior del hombre. Pues cualquier autoridad que haya en el Zen, toda deriva de lo interior”. (10)
Seguramente Fromm se vio atraído por ideas como la siguiente que delineaban una doctrina alejada de dogmatismos y esquemas rígidos: “El Zen piensa que somos demasiado esclavos de las palabras y la lógica. Mientras sigamos así encadenados, seremos miserables y padeceremos un sufrimiento indecible. Pero si queremos ver algo que realmente sea digno de conocer, que nos lleve hacia nuestra  felicidad espiritual, debemos afanarnos, de una vez por todas para liberarnos de todas las condiciones; debemos ver si no podemos lograr un nuevo punto de vista desde el cual pueda observarse el mundo en su totalidad, comprendiendo interiormente la vida”.(11)
El objeto de la disciplina Zen consiste en adquirir un nuevo punto de vista para observar dentro de la esencia de las cosas, la adquisición de este nuevo punto de vista se denomina Satori que puede definirse como introspección intuitiva en contraposición al entendimiento intelectual y lógico. (12)
“En el Zen debe haber Satori; debe haber una revolución mental  general que destruya las viejas acumulaciones intelectivas echando los cimientos de una nueva vida; debe haber un despertar de un nuevo sentido que revea las cosas viejas desde un ángulo de observación hasta ahora no soñado”. (13)
El Zen en su aspecto práctico se refiere a la preparación metódica de la mente a fin de madurarla para obtener el estado de Satori que es cuando todos los secretos se revelan. En esa búsqueda existen dos ejercicios fundamentales el zazen y el koan. El zazen es estar sentado con las piernas cruzadas en profunda contemplación, se originó en la India y se esparció por todo Oriente. Koan significa documento público y se refiere a una pregunta o afirmación realizada por un maestro a su alumno lo cual es utilizado como forma de lograr una apertura mental del alumno a las verdades del Zen. Esa pregunta adquiere la forma de paradoja cuya respuesta no se puede encontrar con la utilización de la lógica.(14)
Leamos ahora una de las afirmaciones de Suzuki que muestra con mayor claridad las razones que llevaron a Fromm a buscar en el budismo algunos elementos que ya se encontraban presentes en sus creencias: “El deseo de poseer es considerado por el Budismo como una de las peores pasiones con la que tienden a obsesionarse los mortales. De hecho, lo que en el mundo causa tanta miseria es el impulso universal a la adquisición. Como se anhela el poder, los fuertes siempre tiranizan a los débiles; como se codicia la riqueza, ricos y pobres siempre cruzan espadas de amarga enemistad. A menos que este impulso de poseer y dominar se erradique por completo, seguirán las furiosas guerras internacionales y el malestar social se incrementará siempre”. (15)
El zen fue una secta dentro del budismo que expresaba una posición antiautoritaria aún más radical, esa doctrina explicaba que ningún conocimiento tiene valor a menos que emane de nosotros mismos, ninguna autoridad, ningún maestro nos puede enseñar a menos que nosotros despertemos, nuestras dudas, palabras y sistemas de pensamientos son peligrosos si terminan convirtiéndose en autoridades a las que veneramos. (16)
Aún cuando algunos de los preceptos del budismo pueden parecer un tanto herméticos fundamentalmente para las mentes occidentales, Fromm siempre puso el acento en la misma cuestión primordial, la capacidad fundamental que los hombres debían adquirir era la de diferenciar entre las apariencias y la esencia, de no dejarse engañar por las formas y hacer el esfuerzo de llegar siempre al meollo.
Uno de los consejos que Fromm dio en su vida fue el de evitar dentro de lo posible la charla trivial e intentar en el contacto con otras personas, aún cuando fuera circunstancial, establecer una  vinculación que nos enriquezca. Decía que pasamos gran parte del día en charlas anodinas que muy poco nos aportan, cuando cada ser humano tiene en sí mismo una riqueza espiritual que debería ser explorada, precisamente esta sugerencia la había extraído de las enseñanzas budistas.
Buda decía: “Cuando el ánimo de un monje lo incline a conversar, deberá pensar así: ‘No entraré en esa baja especie de conversación que es vulgar, mundana e insustancial; que no lleva al desapego, el desapasionamiento, suspensión, tranquilidad, conocimiento directo, iluminación y extinción; a saber, hablar de reyes, ladrones, ministros, ejércitos, hambre y guerra; de comida, bebida, vestido y vivienda; de joyas, perfumes, parientes vehículos, aldeas, villas, ciudades y países; de mujeres y vino, de los chismes de la calle y de la fuente; hablar de los antepasados, de pequeñeces, de historias sobre el origen del mundo y del mar, de si las cosas son así o asá, y temas parecidos’. Entonces lo comprenderá todo claramente. ’Pero la conversación que sirva de ayuda para llevar una vida austera, que convenga a la claridad mental, que lleve al completo desapego, desapasionamiento, suspensión, tranquilidad, conocimiento directo, iluminación y extinción; que sea hablar de frugalidad, conformidad, soledad, retiro, perseverancia, virtud, concentración, sabiduría, de la redención y de la lucidez que ésta otorga, en semejante conversación si entraré’. Entonces lo comprenderá todo claramente”. (17)
Otro concepto al que dio importancia y que extrajo del budismo fue el de la atención que implica que cuando uno está realizando una actividad se concentre enteramente en lo que se hace, sea que se esté plantando una semilla, limpiando una habitación o comiendo. Citaba a un maestro zen que decía: “Si estoy durmiendo, duermo; si estoy comiendo, como”. Esto contraría definitivamente casi todos los comportamientos en la vida moderna donde realizamos varias actividades a la vez, por lo general sin poder prestar debida atención a ninguna de ellas.
Fromm dedicaba parte de su día a la meditación no obstante cuestionaba aquellas formas autosugestivas de la meditación, reivindicaba aquellos métodos que tienen por finalidad alcanzar un grado superior, es decir que sirven para alcanzar un plano más elevado del ser. En la meditación budista se ha encontrado una forma sencilla, no engañosa y no sugestiva de meditación que tiene por finalidad acercar al practicante a la meta del budismo que es la eliminación de la codicia, el odio y la ignorancia. 
Existe una descripción realizada por Nyanaponika Mahathera en trabajos aparecidos en 1970 y 1973 y que eran los que recomendaba Fromm a aquellos que quisieran aproximarse al tema. Según estos libros el fin de la meditación budista es la máxima conciencia de nuestros procesos físicos y mentales, el autor afirmaba que el cultivo de la recta atención que enseñaba Buda era el método más sencillo y directo, el más completo y eficaz de adiestramiento y desarrollo de la mente para sus tareas y problemas cotidianos así como para un fin más elevado: la propia y definitiva liberación espiritual de la codicia, el odio y el engaño. (18)
Escribió Nyanaponika Mahathera: “La recta atención es, de hecho, la base indispensable de la recta vida y el recto pensamiento…para cualquier lugar, tiempo y persona. Tiene una misión vital para todos; no sólo para el discípulo confirmado del Buda y su doctrina, sino para todos los que procuran gobernar esa mente tan difícil de dirigir, y para los que sinceramente quieren desarrollar sus aptitudes latentes para una mayor firmeza y felicidad”.
La atención no sólo se practica en los ejercicios diarios de meditación donde se trata de tomar conciencia de la respiración sino también se aplica a cada momento de la vida cotidiana. Significa no realizar nada distraídamente  sino con la plena concentración en lo que se hace, no importa si se trata de una actividad que por su repetición se la realiza mecánicamente como caminar, comer o mirar. Por la atención y concentración la vida queda iluminada por la plena conciencia. Quiénes llegaron al estado de plena atención son aquellos que se encuentran plenamente despiertos y conscientes de la realidad en su profundidad. (19)
Fromm no creía en ciertas ideas del budismo como la reencarnación, el negativismo predominante en algunas tendencias internas o en ciertos ejercicios para auto convencerse de determinadas cuestiones, además reconocía que ciertas prácticas de meditación eran muy difíciles, sin embargo afirmaba que descartando estos aspectos había otras ideas esenciales que podían ser rescatadas por aquellos que no eran budistas.
Una de esas ideas que reivindicaba entusiastamente era el planteo que el fin de la vida debía enfocarse en vencer la codicia, el odio  y la ignorancia, aunque sostenía que en estos aspectos el budismo no se diferenciaba demasiado del cristianismo y el judaísmo, en cambio sí era distinto en cuanto a la demanda por lograr la mayor conciencia respecto de los procesos internos y externos.
El budismo surgió como un movimiento revolucionario contra la ortodoxia hindú y fue perseguido durante siglos por su ateísmo, se caracteriza por un grado de racionalidad y un pensamiento crítico que difícilmente pueda encontrarse en otras religiones. Decía Fromm al respecto: “Es una doctrina filosófico-antropológica que propone unas normas de vida basadas en el análisis de los datos observables sobre la existencia humana”. (20)
El conocimiento activamente interesado del que habla el budismo, es el conocimiento de “estar adentro” de acuerdo a la expresión clásica del budismo. Cuando Buda veía a un hombre enfermo, no permanecía como un observador distante, lo llevaba a pensar el problema desde el punto de vista de cómo salvar al hombre del sufrimiento, fue ese interés en ayudar a las personas lo que indujo a Buda a su descubrimiento de que si el hombre logra librarse de la mezquindad e ignorancia podrá liberarse del sufrimiento. (21)
Aún en su adhesión a determinados aspectos del budismo y a otras doctrinas emparentadas con el misticismo, Fromm siempre planteó la necesidad de estar firmemente arraigado a la realidad del mundo, también cuestionó cualquier forma de evasión, si el objetivo último era transformar la realidad para instaurar una sociedad más libre y justa indefectiblemente era imprescindible conocer profundamente esa realidad que se pretende cambiar.  
(1) El amor a la vida, pag. 170
(2) Budismo Zen y psicoanálisis., pag. 133
(3) El arte de amar, pag. 80
(4) Fromm, vida y obra, pag. 67
(5) Ob.cit., pag. 164
(6) Ob. cit., pags 189 y 190
(7) Psicoanálisis y religión, pags. 58 y 59   
(8) Introducción al Budismo Zen, D. T. Suzuki, Editorial Kier, 2005, pags. 38 a 41
(9) Ob. Cit., pags. 46 y 47
(10) Ob. Cit., pags. 54
(11) Ob. Cit., pag. 77
(12) Ob. Cit., pags. 112 y 113
(13) Ob. Cit., pag. 123
(14) Ob. Cit., pags. 126 a 131
(15) Ob. Cit. pag. 154
(16) Psicoanálisis y religión, pag. 61
(17) Del tener al ser, pags. 41 y 42
(18) Ob. Cit. pags. 80, 81 y 82
(19) Ob. Cit., pag 83
(20) Ob. Cit., pags. 85 y 86
(21) Las cadenas de la ilusión, pags 219 y 220

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