Thursday, April 2, 2009

El gusano de la maldad


Por Arturo Cardona Mattei / escritor puertorriqueño

La delincuencia tiene muchas caras. El terrorismo nos llega por la izquierda, por la derecha y desde arriba. Esa es la dura realidad y sus dimensiones son mundiales. No hay pueblo, ni sociedad, ni organización que no esté al alcance de todo tipo de maldad. Somos una humanidad enferma que vive autodestruyéndose. Y no tenemos una regla tácita que nos diga quién es el bueno y quién el malo. Somos una sociedad cargada de leyes y reglamentos, más vemos como todas esas leyes se violan diariamente. Y por ahí empieza el gusano de la maldad a hacer su trabajo. Somos rehenes y víctimas de nuestros propios actos. Hoy reímos alegremente, mañana lloramos amargamente. Caminamos y caemos, creemos y nos desilusionamos. Vivimos de enredo en enredo.

Todo se ha globalizado. Toda noticia nos llega con rapidez. Los actos de delincuencia están extendidos por todo el globo y con el agravante de que cada día es más amplia y constante. El salvajismo está en las mentes de nuestra juventud. Y los expertos en materia de salud mental no tienen ninguna respuesta que garantice una mejoría a la seguridad de la sociedad. Estamos atrapados entre un exceso de maldad y una carencia de soluciones, o alivios.

La delincuencia mundial sigue su carrera desenfrenada. Japón, una sociedad históricamente con unos signos de seguridad ha visto un cambio donde “el sentimiento de seguridad nacional ha sido sustituido por una profunda inquietud ante el crimen y el terrorismo mundial”. En Brasil el gobierno ha recurrido al ejército tratando de frenar brotes de violencia registrados durante algunas semanas. En Mexico y otros países centroamericanos están frente a la gran amenaza de unos 50 mil pandilleros. “Solo en el año 2005, alrededor de 15 mil personas fallecieron a manos de las pandillas juveniles en El Salvador, Honduras y Guatemala», informa Tiempos del Mundo.

Canada también vive su gran pesadilla de delincuencia. Dijo el USA Today: «La policía ha contabilizado 73 bandas callejeras en Toronto». Criminalistas y policías admiten “que no existe una solución sencilla a la creciente cultura del gansterismo urbano». Y en Estados Unidos, según el New York Times, una encuesta policial reveló que en un estado en particular, unos 17 mil jóvenes de ambos sexos pertenecen a alguna de las aproximadamente 700 bandas que existen. Esa cifra representa un aumento de cerca de 10 mil en tan solo cuatro años.

El cuadro de la delincuencia mundial es aterrador. La combinación de armas y drogas están poniendo a todos los gobiernos del planeta de rodillas. Y el terrorismo no es tímido a la hora de entrar en contubernios con estas pandillas. La paz y tranquilidad se está esfumando de nuestras vidas. No hay ley ni gobierno que pueda garantizar a sus ciudadanos un mundo más seguro. ¿Por qué? Sencillamente, porque esos líderes mundiales también están metidos en la maldad. Venden armas mortíferas por billones de dólares. Hoy firman un tratado de paz, mañana rubrican un tratado de armas. Una juventud perdida acompañada de unos líderes ciegos es la fórmula perfecta para que este mundo siga descarrilado. En un mismo Titanic nos iremos al fondo del océano. Los tentáculos de la maldad –de todo tipo y género- encadenan a todos los pueblos del planeta Tierra.

La maldad es de grandes ligas cuando los gobiernos entran en pactos con las pandillas callejeras, con el terrorismo internacional y con los carteles de la droga. A ese nivel no hay esperanza que pueda respirar. A ese nivel todo se contamina, todo se destruye, toda conciencia se cauteriza. El amor al prójimo se mutila y los cementerios aumentan vertiginosamente sus inquilinos. El aguijón de la muerte se relame con esta situación.

Día a día los países más necesitados de un avance económico y estabilidad social van reforzando sus arsenales militares. El periódico El País nos informa: «El gasto en defensa de Latinoamérica y el Caribe aumentó un 91% entre 2003 y 2008», según las cifras publicadas recientemente por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos. Añade: «El gasto militar en la región el pasado año fue de 47.200 millones de dólares, frente a los 24.700 millones de 2003”.

Un estudio revela que la mayoría de los delincuentes reincidentes seguirán causando daño aún después de salir de la cárcel. Ese ciclo parece ser imparable. Y los pueblos también tienen que cargar con la maldad de unos gobiernos cada vez más corruptos. La impunidad a toda esta maldad, delincuencia y corrupción envía un mensaje equivocado: que el crimen sí paga. El sabio rey Salomón dijo: «Por cuanto la sentencia contra una obra mala no se ha ejecutado velozmente, por eso el corazón de los hijos de los hombres ha quedado plenamente resuelto en ellos a hacer lo malo». Ni una sola cuenta le falta al rosario.

Caguas, Puerto Rico

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