Friday, August 22, 2008

Rodolfo Francisco Acuña, el historiador de la chicanidad




Rodolfo Acuña, el historiador de la chicanidad



Por CARLOS LOPEZ DZUR

Recordó con enojo, en cierta ocasión, durante su vida estudiantil, el Dr. Rodolfo Francisco Acuña que un consejero académico que a fin de disuadirlo de estudiar historia y enfatizar sus estudios en su ancestro mexicano que no lo hiciera porque «los mexicanos no tienen historia» y, si la tienen, no es necesaria ni importante para la educación de los jóvenes en los Estados Unidos.

Acuña, nacido en 1932, ha recibido los premios de Académico Distinguido de la Asociación Nacional de Estudios Chicanos. En 1998, se le concedió en la Universidad de Kansas el Premio Gustav Myers para el Estudio de los Derechos Humanos en Norteamérica, por su libro Anything But Mexican: Chicanos in Contemporary Los Angeles [No otra cosa que mexicano: Chicanos en Los Angeles Contemporáneos]. Su obra histórica es impresionante y reconstruye, con objetividad, el período de 1820 a 1850, al que describe como «la conquista del Suroeste por los norteamericanos». Explica que para hacerlo los EE.UU. cometieron muchos actos de violencia, incluyendo «la matanza de su gente, la rapiña de su tierra y el despojo de sus pertenencias. Este período en la historia de las relaciones exteriores norteamericanas es triste porque refleja las formas más extremas de filosofía expansonista y deja una herencia de odio y profundas sospechas, que aún hoy permanece fuertemente arraigada en la conciencia de la población chicana y entre los mexicanos».

Por esta razón, ha sido difícil el avance de los mexicanos locales, antiguamente, llamados californios y sectores de población desde muy antiguo establecida aquí han sido pasivas, se han asimilado a las fuerzas culturales de quien les despojara y empobreciera. Lo mismo se repite en otras áreas del Suroeste de la nación: de California a Arizona, de Texas a Nuevo México, etc. Los derechos que adquirió el ciudadano despojado, en el mexicano después del Tratado de Guadalupe Hidalgo, que dio fin a una guerra entre los EE.UU. y México a mediados de 1840, fueron ignorados, su propiedad no fue protegida ni asegurada; se les fue negada la práctica de su idioma y costumbres y, como ya han estudiado Acuña, Care McWilliams, Julián Zamora y otros historiadores, por medio legales e ilegales, «se hizo norma la discriminación en la enseñanza, la vivienda y el empleo…» y se practicaron «la erradicación cultural por medio de linchamientos y otras formas de racismo contra los chicanos».

En la década del 1980, que es práctica la reciente, Rodolfo Acuña los efectos de ésto. Demandó y ganó un caso por discriminación racial contra la Universidad de California, recinto de Santa Bárbara. Se le discriminó por edad y ancestro y un gran jurado falló en su favor, obligando a la universidad a contrarlo y compensarlo monetariamente con $325,000 que él utilizó para pagar sus gastos legales y donarlos a una institución mexicana.

Pero, histórica y comunitariamente, la actitud es diferente. «Chicanos y mexicanos son grupos que soportan mucho. Demasiado sumisos, bajan las cabezas, se conforman y da muchas largas a los asuntos que le afectan. No hay combatividad ni solidaridad suficiente. Se prefiere la auto-opresión, la pasividad. Gana el miedo al que dirán y a las consecuencias de una actitud valiente y liberante».

Uno de los libros más importantes de Acuña, quien se desempeñaba como profesor hasta hace poco en la Universidad Estatal de California, en Northridge, se titula Occupied America: A history of Chicano [América Ocupada: Historia del Chicano], y lleva más de cinco ediciones desde su edición de 1972. Desde la formación del Movimiento Chicano, Acuña se considera uno de sus defensores y militantes, «porque sin activismo no se avanza hacia ninguna dirección y no hay progreso, sino una renuncia a darse voz que agiganta los abismos, los olvidos y la falta de respeto que se nos tiene, al pensársenos aguantadores y blandos».

Para el profesor e historiador Acuña, «el desconocimiento de nuestra historia, nos debilita». Crea los complejos de inferioridad que aún tenemos. Fortalece a los que tienen el poder para oprimirnos y negarnos las protecciones y derechos que comunidad tenemos. No saber nuestra historia y nuestra valía de ayer y de hoy nos divide y nos pone a unos contra otros dentro del mismo grupo cultural al que pertencemos.

No otra cosa ocurrió en 1820 y un decenio posterior cuando México se independiza y, por tanto, se abre una oportunidad para que también el mexicano en el Norte lo haga, estableciendo sus propias repúblicas y territorios libres. La ocupación norteamericana de nuestros territorios nos halló, sin cohesión interna, y en los 25 años sucesivos cayó sobre California, Texas, Nuevo México, e hizo del mexicano del Suroeste lo que le dio la gana, ganado realengo, despreciable. Nos empujaron a la alienación, el aislamiento y una pobreza, que perduró y aún perdura».

Para 1996, por primera vez, la tasa pobreza de los hispánicos y chicanos comienzan a superar la de los mismos afroamericanos. Los Chicano / latinos serán la cuarta parte de la gente más pobre de la nación y tres veces más propensos a empobrecerse que los anglosajones. Lo que revela ésto es, según Acuña, una muestra de que las segundas y terceras generaciones de Latino están cautivos en un conflicto irremediable con la sociedad blanca y los pocos latinos que son exitosos se ven forzados a actuar como los blancos; pero, «estudiar mucho y duro es la puerta de libertad; no deslealtad. Lo importante es que el triunfa ayude y oriente al que está cautivo».

Fue Acuña quien fundó en 1969 el Departamento de Estudios Chicanos en CSU, Northridge. Durante la década de 1970, cuando la población chicana se urbaniza, salieron otros de sus libros, entre ellos: las historias de Un hombre fuerte de Sonora: Ignacio Pesqueira y sus tiempos, La Verdad y objetividad y la Historia Chicana y La Historia de los Mexicoamericanos: el Hombre y la Tierra.


La obra de Acuña asusta a muchos de sus colegas universitarios conservadores. Lo hallan muy radical. Por ejemplo, cuando compara la Patrulla Fronteriza con una «Gestapo contra los mexicanos» o compara la invasión y guerra entre México y los EE.UU. con la invasión viciosa que hizo Adolf Hitler contra Polonia y otras naciones de Europa. Acuña se justifica: «La gente miedosa no hará nunca nada por otros. Ni los grandes imperios toman en serio al que viene de rodillas ante ellos y, cuando regresa a su casa, sólo dice, ‘yo estoy bien’, 'no me comprometo'. No me pueden dañar. El miedo es mal consejero... ¿Por qué si el anglosajón, rico y privilegiado, por el expansionismo del pasado y la apropiación contínua a nivel corporativo, puede fundan sus instituciones, grupos de presión y cabildeo, el chicano debe menospreciar sus departamentos de estudio y centros de investigación y acción política?».

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