Thursday, February 10, 2011

Puertas de entrada y de salida

Siempre la entrada es la existencialidad.
Esa es la puerta que inmediatamente conocimos.
En la existencialidad tengo la piel
y cada órgano y puede que afuera dejara
alguno, que es lo que más procuro
en esta mendicidad de ser-ahí,
con algo que me falta.
Hay una puerta de salida y no es la misma
por la que entramos.

Ha de ser una puerta de confianza,
más íntima, la que verdaderamente nos da la bienvenida.
Cuando te tiran los portales en las narices,
o te empujan para que no entres,
suele ser ante esa puerta que tocaste,
la más visible y procurada;
¡la existencialidad! la puerta de la boca
que suplica, la puerta de los nudillos
con que tocas,
la del atrio; ¡ah! y del lenguaje,
lque no tiene metáforas, pero...
imagina tú,
ser viviente, que el portero o dueño de la casa
te diga: «Pasa» y te lleve a la sala,
a conocer sus rincones, sus salones,
sus recámaras, te enseñe sus laberintos
y te instruya con hilos de plata
y te asegure: yo no tengo minotauros.
Esto no es corral. Es una casa...

entonces, el lenguaje y tu propia boca
se transforman en otra cosa,
afinidad, empatía
y hallas la salida.

Por una puerta de salida
entras o te vas, voluntariamente,
pero tu vida cambia...
hallaste sin saberlo la esperanza,
la alternativa, no atrios de dolor,
puertas de infinito. Hallas tu voz oída
en el ser-uno-con-otros.

23-03-1983 / De «Heideggerianas»

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